De lujo. De los asirios a Alejandro Magno

De lujo. De los asirios a Alejandro Magno

La exposición De lujo. De los asirios a Alejandro Magno está en Madrid desde el 20 de septiembre al 12 de enero de 2020 en CaixaForum con piezas del British Museum. Esta muestra describe a través de diversas manifestaciones artísticas manifestadas en las antiguas civilizaciones asiria, babilónica, fenicia y persa y también la enorme influencia egipcia y el vasto imperio que creó Alejandro Magno, lo cual abarca del 900 al 300 a.C.

Con esta exhibición nos sumergimos en la Antigüedad y en la transculturización de los imperios más importantes. En ellos el lujo abarcaba tanto la vida privada como la guerra y en todos ellos la ostentación fue utilizada como sinónimo de poder: desde los materiales (oro, plata, alabastro,…) a la variedad de pigmentos utilizados en las pinturas y las esculturas, algunas de las cuales todavía se aprecian a pesar del tiempo transcurrido. Con diversos objetos y piezas artísticas podemos ver los momentos de guerra y pillaje además del tributo a los diferentes reyes.

Al ganar batallas y guerras, los tesoros atesorados iban in crescendo, con lo que los monarcas podían poner de manifiesto su gran poder (con dichos objetos de lujo, joyas y vestimentas más lujosas, palacios más grandes y más ricamente adornados) y a su vez financiar nuevas guerras y pagar a sus ejércitos. Un ejemplo lo constituyen los detallados relieves, como el del palacio de Nínive (Irak) o el obelisco de Rassm (Nimrud, Irak). De hecho, parte de la importancia de estos palacios radica en la explosión de los sentidos que acontecía en ellos. Los jardines eran una parte vital con plantas con diferentes aromas. También con la música en los suntuosos banquetes (además de en la guerra), donde podemos ver la influencia de los imperios a través de este arte con sus instrumentos, como los tipos de flautas y arpas representados en vasijas e instrumentos de aquel entonces.

 

Por su parte, Alejandro Magno unificó un grandísimo territorio desde Macedonia pasando por Egipto hasta India en su intento de conquistar el mundo. La importancia de los dioses de la Antigua Grecia queda patente en las piezas expuestas y la simbología con la que estaban asociados, tal es el caso de Zeus con el toro.

Asimismo, la muestra cuenta con vídeos explicativos, así como pantallas táctiles que explican las piezas y cada una de sus partes para poder ampliar la información ofrecida en cada una de estas obras.

Se trata, pues, de una lujosa exposición con la que adentrarse en una enorme y gran época a través de su arte en el que se aprecia la confluencia de los regímenes políticos, culturas y religiones de un amplísimo territorio.

(Foto del British Museum: Azulejo asirio. Palacio noroeste, Nimrud (Irak). 845-850 a. C.)

El grado cero de Elvira Smeke

El grado cero de Elvira Smeke

Elvira Smeke  (México, 1978) expone su obra desde el 8 de febrero al 7 de abril en la galería de la Plaza de la República 20, 4to piso en México D.F.  en un espacio gestionado por Alberto Ríos de la Rosa.

I Am Naked Now presenta el más reciente cuerpo de obra de la artista mexicana Elvira Smeke, el cual surge a partir de la búsqueda del grado cero en la forma estética por medio de la instalación escultórica, la pintura y la manipulación de la imagen digital.

(Fotos: Adrián Maldonado)

Las piezas mostradas en esta exhibición son producto de una serie de acciones a puerta cerrada, largas caminatas y una dosis de juego a través de los cuales la artista explora los preceptos filosóficos ligados al feminismo de Luce Irigaray y Hélène Cixous y bajo el estudio del cuerpo propuesto por Judith Butler generando así nuevas narrativas a sus propias interrogantes y su posición en la producción plástica internacional.

Gran parte del resultado de sus piezas se deriva del «accidente”, como ella lo define, cosas o situaciones inesperadas que le ocurren, pero que aprovecha para crear.

La exposición ofrece un conjunto de posibilidades de experimentar el mundo con diferentes resultados y por medio de un cambio constante de las relaciones entre el contexto y el visitante. Esta relación se da tanto a nivel físico, por medio de las instalaciones escultóricas y breves ejercicios tridimensionales como en un nivel visual por medio de las pinturas, las intervenciones textuales y finalmente la fotografía digital.

Así fueron los OSCARS 2019

Así fueron los OSCARS 2019

Robert Gauthier, fotógrafo de Los Angeles Times, inmortalizó el momento en el que Lady Gaga besó como se hace con la realeza la mano de Olivia Colman, quien interpreta a una reina inglesa en La Favorita. Un papel de Oscar a mejor actriz principal en el premio más unánime de la noche, una actuación portentosa donde Colman otorga a su personaje más matices que colores tiene un arcoíris. Fue el único Oscar de los diez a los que optaba la película del griego Yorgos Lanthimos, una auténtica lástima.

Roma partía también con diez nominaciones y en tres veces su director Alfonso Cuarón subió al escenario: Oscars a mejor película de habla no inglesa, mejor director y mejor fotografía (incontestables esas apabullantes imágenes en blanco y negro de Roma). Y no consiguió el Oscar a mejor película, era la gran expectación de la gala, que fue a parar a Green Book, una película para mí convencional y condescendiente con el tema racial, algo que gusta a mucho público pero no a la crítica, ávida de historias duras y dramáticas que reflejen mejor la realidad. Ahí andamos.

Casos como el de la mexicana Roma ya los hubo antes. En 2012 la francesa Amour también estuvo nominada a mejor película, en 2001 la taiwanesa Tigre y Dragón o la sueca Gritos y Susurros en 1974. El caso más llamativo es la italiana La Vida es Bella, que hizo historia en Los Oscars de 1999 al permanecer en el recuerdo de todos por su Oscar a mejor película. Pero no fue así. Sí estuvo nominada pero ganó el de habla no inglesa. La ganadora a mejor película en esa edición fue Shakespeare in Love. Deseo y realidad se confunden en lo que Iker Jiménez llama el inconsciente colectivo.

A medida que pasan los años, Los Oscars se vuelven más sociales y políticos por lo que se dice en la gala. Se habló más en español que nunca: Javier Bardem en un alegato contra los muros y fronteras (en obvia referencia a Trump), un Diego Luna sonriente con ya se puede hablar español en Los Oscars, nos abrieron la puerta y ya no nos sacan de aquí o el propio Cuarón agradeciendo el apoyo a su familia y a México. Fundamental fue el discurso de Michael Keaton poniendo el valor el montaje en las películas, que define el ritmo de la historia y hace mejores a las actuaciones. Y hablando de montaje, la estatuilla fue para Bohemian Rhapsody, un premio absolutamente inexplicable frente a La Favorita, que construye su historia como ninguna otra película este año. En fin. Repitió Oscar Bohemian Rhapsody a mejor actor principal con Rami Malek, que dio vida a Freddy Mercury. Y antes Mahershala Ali recogió el Oscar a mejor actor de reparto en Green Book recordando a su abuela, que lo presionaba siempre en pensar de manera positiva, que es precisamente lo que hace esta película.

Social y político es el “Oscars so White”. Los afroamericanos aumentan su visibilidad gracias a las tres estatuillas de Black Panther, la primera película de superhéroes negros de la historia, junto a el propio Mahershala Ali que es de raza negra está Regina King, mejor actriz de reparto por If Beale Streets Could Talk y, por encima de todos me tomo la libertad, el Oscar al gran Spike Lee por su guion adaptado de Infiltrado en el KKKlan, que lleva cuarenta años dejándose la piel en el cine luchando contra el racismo.

Los ojos siempre están puestos en ellos. La polaca Cold War, la mejicana Roma y la japonesa Shoplifters, que competían a mejor película extranjera, han sido lo mejor de 2018 a nivel mundial junto a otras que quedaron fuera. Pero los ojos siempre puestos en Estados Unidos, que actúa como la primera potencia independientemente de si lo es o no. Pese a un cine venido a menos y por abajo de lo que se hace en muchos otros países, su despliegue mediático y el de todo el planeta hacen creer que allí se premia a lo mejor de la Tierra. Pero no. Igual que en España tenemos los Goya o en Alemania la Berlinale, cada país tiene sus certámenes y eventos. Pero a esos que llamamos yanquis, el marketing se les da tan bien hasta para hacer creer al resto que Green Book es la mejor película del año. Los Oscars son los premios de la Academia del Cine de Estados Unidos para el cine de Estados Unidos, que se estrena en Los Ángeles, sí, hay que estrenarlo en Los Ángeles. Y los Oscars – igual que otros festivales del país- tienen una sección en la que premian a películas en otros idiomas con “mejor película de habla extranjera” Obviamente, para ellos todo lo que no sea la lengua de Shakespeare es algo extranjero.

En 2012, el francés Leos Carax recibió por Holy Motors ese premio, a mejor película de habla extranjera. Su agradecimiento fue:

«Hola, soy Leos Carax, director de películas en idiomas extranjeros. He hecho películas en idiomas extranjeros toda mi vida. Las películas en idiomas extranjeros se hacen en todo el mundo, por supuesto, excepto en Estados Unidos. En Estados Unidos, solo hacen películas en idiomas no extranjeros. Obviamente, las películas en idiomas extranjeros son muy difíciles de hacer, porque tienes que inventar un idioma extranjero en lugar de usar el idioma habitual. Pero la verdad es que el cine es un idioma extranjero creado para aquellos que necesitan viajar al otro lado de la vida. Buenas noches «.

Entrevista a los directores de «BARACOA»

Entrevista a los directores de «BARACOA»

Baracoa es una película rodada en Cuba que participó en la Berlinale dentro de la sección Generación. De esta sección surgió, por ejemplo, Verano 1993 (Estiu 1993) de Carla Simón hace dos años. Generación, sin hacer ruido, ha ido destapándose en las últimas ediciones como referencia para los berlinaleros. En ella se exploran la vida y los mundos de los niños y adolescentes desde una perspectiva diferente a la que el cine comercial nos ha acostumbrado. Baracoa es en parte película en parte documental al tener tres directores – dos documentalistas afincados en Estados Unidos y un argentino que vive en Suiza- que ofrecen singularidad a la historia de Antuán y Leonel, dos jóvenes de 13 y 9 años que viven en un pequeño pueblo a las afueras de La Habana.

Antuán y Leonel viven en Pueblo Textil, un puñado de bloques de apartamentos construidos a mediados de los setenta. Para proporcionar alojamiento a los trabajadores de la Textilería Ariguanabo – construida en los años treinta y por entonces el centro industrial más grande de toda América Latina- Fidel Castro ordenó deforestar una loma cercana de frondosa vegetación (la loma “Negrín”) y alzar allí los edificios. La fábrica cerró en los noventa y los trabajadores se marcharon. En Pueblo Textil solo se quedaron los ancianos y los niños, como Antuán y Leonel, quienes viven y juegan felices entre las ruinas de la textilería y sus alrededores.

La palabra Baracoa significa “existencia de agua” y da nombre a una pequeña playa a 15 kilómetros de Pueblo Textil. En 2016 Pablo Briones había escrito un guion de 30 páginas y decidió asistir a una escuela de cine en Cuba que distaba unos cientos de metros de un poblado: allí encontró al protagonista de su historia. “Después de un par de horas paseando por el pueblo tenía diez niños a mi alrededor; dos de ellos se me acercaron y me preguntaron qué hacía allí. Tengo un guion y busco un niño para mi película, respondí, a lo que el más pequeño respondió sí bueno pero mejor tener a dos, ¿verdad? Yo me llamo Leonel y él es Antuán. Me gustaron al instante y decidí reescribir el guion, convirtiéndolo en una historia real de amistad entre dos niños

Fue una entrevista a cuatro bandas, dos directores y dos entrevistadores:

Pablo Briones, director argentino afincado en Ginebra.

Jace Freeman, codirector estadounidense y junto a Sean Clark los Moving Picture Boys.

Neil Fox, periodista inglés y productor de cine en Reino Unido.

Carlos Ibarra Grau, crítico de cine con alma de poeta.

Mi primera pregunta es vuestra impresión de Cuba. Se dice que los cubanos son gente muy feliz pese a que su vida es muy humilde. ¿Realmente pensáis que viven tan felices? En la película por ejemplo nunca vemos a los niños darse una ducha, simplemente se cambian de camiseta cuando se despiertan por la mañana.

Jace Freeman: Yo vengo de Estados Unidos y cuando llegué a Cuba uno se siente como atrapado en 1955: coches antiguos desvencijados y piezas desparramadas, pero ellos lo reparan todo con lo que tienen. Y cuando se rompe lo vuelven a reparar. Son una gente maravillosa con un gran sentido de comunidad, de compañerismo, algo que se aprecia en la película. En el pueblo todo el mundo cuida de todo el mundo y tienen libertad para moverse porque es un lugar seguro. Y es un lugar seguro para que los niños crezcan. Qué oportunidades tendrán una vez sean adultos es algo que no podemos saber, pero sin duda es algo que harán juntos.

Pablo Briones: Sientes algo extraño cuando estas en la isla, como un tipo de seguridad, algo que no puedes sentir en cualquier lado, no en la mayoría de las ciudades de Sudamérica. El hecho de que en Cuba tengan restricciones y límites tanto de fuera como desde dentro ha generado una situación cómoda (comfortable) que ellos tienen asumida. Tienen claro que su situación política es diferente. Me sorprende lo simpáticos y lo inteligentes que son, simplemente gente feliz. En otras sociedades tenemos otro tipo de límites como yo que llevo diez años viviendo en Suiza y lo tenemos todo, incluso demasiado, pero pese a ello la gente no es super feliz.

Investigué acerca de Pueblo Textil, una zona de vegetación deshabitada donde Fidel Castro decidió construir casas y crear una comunidad. Durante la película se ven muchos esqueletos de viviendas…

J.F: Eran alojamientos para trabajadores de la fábrica textil que había al lado. La fábrica cerró y los trabajadores abandonaron el pueblo. Lo que quedó fueron gente mayor y niños. Baracoa no es tanto una historia sobre el desequilibrio entre los muy ricos y los muy pobres en Cuba, sino una sobre una comunidad que vive sin necesidad de muchas cosas que otras ciudades sí tienen.

P.B: Pueblo Textil me recuerda a uno de esos proyectos europeos sobre cómo vivir en armonía: construir en el área rural -como vivir en el campo con gallinas- un nuevo modelo de sociedad en una atmósfera de comunidad y más ecológica. El pueblo parece uno de esos proyectos pero creado de manera involuntaria.

(Neil Fox) Sobre el estilo de la película, la estética es como en una coming of age, pero en este caso de dos niños pequeños que realmente viven allí, una historia real. ¿Como fue el proceso de trabajar en el estilo mientras documentabais la vida de estos jóvenes?

J.F: Los personajes y el entorno dictaron el ritmo y estilo de la historia. En cuanto al método de trabajo, decir que de los tres directores Pablo era el que trabajaba con los niños, mientras que Sean y yo nos encargamos de la imagen y del sonido; nuestra única directriz fue que no miraran a la cámara (risas). Pablo fue el que le dio esa perspectiva única, su estilo de filmar tipo documental y esa manera increíble en la que juega con la realidad, creando algo que va más allá, donde ya no puedes distinguir un estilo de otro. Algo muy interesante.

P.B: Es gracioso porque yo escribí una historia para un solo niño y apareció Leonel con otro bajo el brazo. Es lo mismo que hizo Jace con Sean. Cuando hablé con Jace acerca de hacer una película me dijo “genial, pero sabes, siempre trabajo con Sean, somos los Moving Picture Boys, nunca hacemos nada en solitario” Trabajamos en ello y al final encontramos un balance entre todas las partes.

¿Cuánto hay de improvisación en los diálogos? ¿Les distes a los niños por ejemplo un tema del que hablar y ellos lo iban desarrollando?

P.B: Exacto. Teníamos un guion pero el proceso fue ir encontrando el momento y escena perfecta para cada tema. La escena de la piscina, por ejemplo. Cuando nos pareció correcto les dijimos que con calma podían ir hablando de La Habana y de la playa; íbamos introduciendo los temas poco a poco, cuando el momento y lugar ideal se presentaba. Aunque estábamos improvisando, siempre nos mantuvimos cerca de la historia original. Teníamos en mente que en algún momento Antuán abandonaría el pueblo y se iría a La Habana, esa era la amenaza en la historia. Cuando estás viendo la película sabes que llegado el momento él se va a ir, eres consciente de que ocurrirá. Queríamos mantener esa expectación en la audiencia.

(Neil Fox) Es hermoso ver cómo la película se centra en ellos y en su entorno. Otros directores cuando salen al extranjero filman la vida de gente pobre, pero vosotros es como “mirar este sitio tan bonito” ¿Quisisteis hacer justicia a estos chicos y no caer en esa trampa en la que caen otros?

J.F: Creo que el cine es más que nada observación. Pero esta es una película subjetiva, desde la perspectiva de Leonel y de cómo es su vida, así que fue una decisión consciente el no mostrar la historia de una manera tradicional, sino desde esta observación al estilo documental. Eso nos lleva a entrar rápidamente en la vida real de estos niños.

P.B: Al filmar nos manteníamos muy cerca de los personajes, así es como trabajan los Moving Picture Boys, que siguen de cerca a los personajes de sus documentales. Ellos ponían la cámara a la altura de los niños, así que lo ves todo desde su perspectiva, todo parece más grande. Teníamos muchos paisajes e imágenes bellas donde no aparecían los niños, pero durante el montaje decidimos que la historia se mantuviera siempre con nuestros protagonistas, de una manera natural. No se trata del paisaje al que el niño está mirando, sino que se trata de el niño mirando el paisaje.

Terminada la entrevista, seguimos los cuatro departiendo informalmente. Neil agradeció una vez más a los directores por la película que habían hecho. Yo hice una reflexión en voz alta que quería compartir: En la Berlinale hay 400 películas y uno hace un puñado de entrevistas, pero los motivos por los que uno entrevista a unos cineastas y no a otros no es siempre clara. Hoy mismo me pregunté porque elegí vuestra película de entre otras, porqué os quería entrevistar. Creo que capturasteis algo muy especial, algo más allá de la película, de la historia y del guion, capturasteis el alma. Cada película tiene un alma y eso es lo que me capturó a mí. Esto es algo que no se puede tocar ni ver, solo sentirlo. Y eso es un gran trabajo. Gracias.

El Despertar de las Hormigas: la entrevista.

El Despertar de las Hormigas: la entrevista.

“Carlos, la actriz protagonista Daniela Valenciano estará presente en la entrevista junto a Antonella, si te parece bien” Estoy en la sala de espera y recibo esta noticia como quien recibe un regalo inesperado. Las costarricenses Antonella Sudasassi y Daniela Valenciano son directora y actriz principal de El Despertar de las Hormigas, la cuarta película en la historia de Costa Rica que participa en el festival de cine de Berlín, la Berlinale. El proyecto salió adelante con coproducción española.

El Despertar de las Hormigas es una pequeña revolución en forma de noventa y cuatro minutos de talento: pertenece a ese tipo de películas donde uno sabe que, por alguna razón, va a permanecer en su memoria. Es la historia del despertar de Isabel (a la que da vida Daniela Valenciano) quien vive junto a su marido y sus dos hijas en las afueras de San José, capital del país. En una humilde casa de madera, Isabel gana su sustento como costurera y su marido la presiona con tener un tercer hijo, algo que vemos sería económicamente inviable. Sueños despiertos, dinero escondido, cabello que se cae y una fotografía de enorme nivel artístico conforman esta pequeña gran historia, la pequeña gran revolución de Isabel. Entro en la sala de entrevistas y ahí están juntas. A Antonella le brilla la sonrisa y a Daniela le vibra el alma.

Hoy (por el 10 de febrero) se ha estrenado El Despertar de las Hormigas para la prensa y en dos días tenéis el estreno mundial al público. ¿Como os sentís?

Daniela Valenciano: Muy nerviosa (estalla en una risa que nos contagia) Nunca me he visto en una pantalla grande y claro, una hace una película pero no sabe que película va a ver.

Antonella Sudasassi: Es la primera vez que Daniela actúa para cine y ella misma no la ha visto todavía, es un gran estreno para ella. Yo viví en Berlín un tiempo y volver acá con la película es increíble…ya era un sueño cuando venía como público al festival.

El Despertar de las Hormigas es un rara avis en las tendencias del cine actual. Hay un gran balance de emociones, no la definiría ni como una película triste ni como una alegre. ¿Buscaste Antonella este balance a propósito o cómo surgió?

A.S: La idea era hacer una película que no fuera necesariamente confrontativa. Se habla de los temas a través de la cotidianeidad y quería demostrar como en las pequeñas cosas sigue habiendo patrones conservadores que hace falta cambiar. Lo vemos en el cambio del personaje de Isabel. Yo quería que el público no juzgara tanto sus decisiones sino advertir que dentro de ella algo ya cambió y nada va a ser igual. Las cosas se empiezan a cambiar de a poquitos y un ejemplo de ello es el movimiento #metoo: las grandes revoluciones llegan de generación en generación, pero el cambio empieza en pequeñas cosas del día a día. En Costa Rica no hay una sumisión absoluta de la mujer al hombre pero hay un montón de pequeñas cosas -quien gestiona el dinero en la casa o la presión familiar por tener más hijos- que hay que cambiarlas y hace falta decisión. Y tiempo.

El papel del marido (interpretado por Leynar Gómez) descoloca porque genera una tensión entre él e Isabel que no se sabe por dónde va a salir. ¿Cuál es el rol del hombre en la Costa Rica actual?

D.V: El rol cambia dependiendo de donde uno viva. En el centro de San José la gente quiere cambiar porque ven que el mundo ya está cambiando pero en las afueras los patrones patriarcales están más arraigados. Isabel desearía hablar y expresar lo que siente, pero es más fuerte el rol donde la ha instaurado el sistema, el del miedo a las reacciones de los demás. Ella no puede cambiar su vida pero sí ayudar a que la de sus hijas sea diferente, a través de pequeñas acciones, detalles del día a día. Hormiguitas.

A.S: Yo vengo de una familia con muchísimas mujeres. Crecí viendo cómo mis tías y mis abuelas vivían para estar al servicio de los demás y así es como te educan, olvidándose uno de uno mismo. Eso se traslada a las relaciones personales y de pareja, donde lo das todo porque así es como hemos aprendido a amar. Aprendemos que ese es el rol femenino y cuesta aprender a preocuparse por una misma. Yo tengo treinta y dos años y no lo aprendí ayer, pero sigue ocurriendo.

¿O sea que esa tensión que comentaba nace de ella, de Isabel?

A.S: Sí, a no hacer lo suficiente para cumplir las expectativas de los demás.

D.V: Es una pequeña cosa por dentro (como una hormiguita que te pica, añade Antonella) que te dice que algo se podría hacer de manera diferente y por eso Isabel no toma a veces las mejores decisiones; quiere sentir que ella tiene el poder de decidir sobre su vida y no la estructura social en la que vive. Yo soy madre y rompí esa relación normalizada que hay con un hijo, los dos somos muy independientes, pero a veces tengo trabas con mi mamá cuando cuestiona mis propias decisiones como madre.

A cargo de la cámara está Andrés Campos, asimismo director de la fotografía. ¿Cómo trabajasteis juntos y cómo fue la elección de los planos?

A.S: Yo estudié Comunicación con énfasis en la Producción Audiovisual y siempre me ha interesado mucho la fotografía. Era la primera película que Andrés hacía en Costa Rica y el trabajo de foto fue muy difícil, porque nosotros no ensayamos nunca: todo era en función de la improvisación y la cámara no sabía dónde se iba a mover. A las niñas nunca se les enseñó el guion ni se les dijo lo que tenían que decir, de ahí la naturalidad que se siente en la película. Lo que hicimos es trabajar con ellas creando vínculos personales para que se sintieran cómodas, pero nunca ensayamos. Daniela, que sí había leído el guion, guiaba de alguna manera la sucesión de los eventos pero todo en función de la improvisación. Así que decidimos lo siguiente: como no sabíamos dónde nos íbamos a mover, rodamos en una casa pequeña y la iluminamos entera, 360 grados, así la cámara podía elegir donde centrar la atención, en Isabel y su marido o siguiendo a las niñas cuando salían corriendo de aquí para allá. Todo podía pasar.

Es fascinante la presencia que tiene el pelo en la película. Desde un lado cultural, ¿qué importante es el cabello en una mujer?

A.S: Desde hace siglos el cabello es un símbolo femenino de la belleza y eso es lo quería rescatar, esa idea de que el pelo largo es lo que te hace mujer. Había visto una noticia sobre la mujer con el pelo más largo de Brasil y salía el marido diciendo que así lo quería él, porque le encantaba el pelo largo aunque el gasto en champú era muy alto. La mujer apenas salía en la entrevista.

D.V: En este momento en Costa Rica, si yo me corto el pelo no puedo acceder a ciertos trabajos como actriz porque ya no soy femenina. En la publicidad las mujeres tienen el pelo largo y ese es el estereotipo, que si te lo cortas te verás masculina y no les gustarás a los chicos.

Y la última pregunta, ¿cuál es la situación de Costa Rica en materia de producción y distribución?

A.S: Ahí estamos muy atrasados porque en nuestro país no hay Ley de Cine. Nuestro único fondo es el Fauno -presupuesto ordinario del centro de cine de Costa Rica– y si desaparece ese presupuesto el cine podría morir, porque no hay nada regulado por ley. Por eso para terminar películas casi siempre hay que hacer coproducción con otros países. Y bueno, la distribución es ya casi imposible, sobre todo una película como la nuestra que no es comercial y tiene un lenguaje distinto al que están acostumbradas la mayoría de las personas. Los cines en Costa Rica solo pasan películas comerciales, solo hay uno con una programación diferente en el que ver por ejemplo películas de festivales y cine europeo. Y allí estrenaremos en junio la película. Paso a paso, como una hormiguita.

Gracias a Dios

Gracias a Dios

Gracias a Dios (Grâce à Dieu, de François Ozon) es una película basada en hechos y en tiempo real que denuncia casos de pederastia en la Iglesia francesa. Entre 1986 y 1991 el Padre Preynat abusó de casi cien niños de entre nueve y diez años, quienes tres décadas después se han atrevido a hablar. A cargo del arzobispado de Lyon, el Cardenal Barbarin encubrió todos los hechos. Decía que en tiempo real porque es ahora: el pasado lunes siete de febrero se inició en Lyon un juicio contra Barbarin, acusado de no informar de estos abusos. El siete de marzo se dictará la sentencia. Por desgracia el Padre Preynat ha sido previamente absuelto, pues según la ley de prescripción francesa sobre la violación de menores, se establece un plazo máximo de 20 años para emprender acciones legales desde que la víctima haya alcanzado la mayoría de edad. Las víctimas ya habían sobrepasado los cuarenta años.

Con un ritmo prodigioso, la película empieza directa y sin miramientos con la correspondencia entre Alexander, un buen cristiano en sus cuarenta y pocos padre de cinco hijos, y el Cardenal Barbarin en el año 2014. Tras descubrir Alex que el cura que abusó de él seguía ejerciendo y con menores a su cargo, exige en estos emails la renuncia del Padre Preynat por pederastia, quien sorprendentemente acepta reunirse en persona con Alexander: “Siempre sentí atracción por los niños, es una enfermedad, lo sé, pero no tiene tratamiento (…) algunos padres me atacaron y causaron desperfectos en mi casa pero que yo abusara de los niños no es razón para que los padres fueran violentos conmigo” La respuesta de Alexander hiela la piel porque conocemos la ceguera que causa eso que llaman fe: “Padre, estoy haciendo esto por el bien de la Iglesia, no quiero destruirla, soy católico”

Así muestra el director François Ozon de manera trepidante -y sin que perdamos el hilo de los hechos- a diferentes victimas que siguen el ejemplo de Alexander y se suman a la denuncia, relatando sus propios casos y detalles de los abusos. Si bien éstos nunca son explícitos – la cámara cambia siempre a tiempo de que veamos nada- el sufrimiento de estas personas relatando por primera vez lo ocurrido en su niñez es demoledor: arrastran todo tipo de traumas y cicatrices en sus personalidades, inseguridades en su sexualidad y marcas internas muchas de ellas de por vida. De entre todas las actuaciones destacan Swann Arlaud y en especial el gran Denis Menochet, famoso por encarnar en la durísima Custodia Compartida (Jusqu’à la garde, 2017) a un violentísimo padre de familia. De abusador a abusado, la compleja profesión de un actor de cine.

En la rueda de prensa posterior al estreno de la película François Ozon hablaba de las dificultades para sacar adelante el proyecto: “Lyon es una ciudad increíblemente católica. Hemos filmado en Bélgica y Luxemburgo, pero en Lyon tan solo las primeras escenas, porque allí el catolicismo es muy grande. Fue difícil encontrar la financiación porque la Iglesia y la pedofilia es un tema que molesta a mucha gente, que no quieren verse involucrados”

Pero hay que involucrarse y “Lo privado es político” es el lema de esta Berlinale 2019. Cada año el festival alza un slogan desde cuya perspectiva leer las películas que vamos a ver. The private is political es un lema surgido durante la segunda ola del feminismo a principios de la década de los 60. La frase buscaba poner de relieve las conexiones entre la experiencia personal (lo privado) y aquello que es público (del griego polis) que es exactamente lo que movimientos actuales como el #metoo o el #speakup vienen a rescatar. Numerosas películas de esta Berlinale están abordando la avidez de la sociedad contemporánea por carraspear fuerte y gritar, sacando a la luz aquellas injusticias que durante muchos años fueron un nudo en la garganta. Que lo privado quede en casa es algo ya obsoleto en pleno 2019: vivimos en una sociedad intercomunicada que nos ofrece plataformas para denunciar todo aquello que no está bien. De esta manera, son los hombres los que en Grâcie à Dieu encuentran la valentía para denunciar los abusos que sufrieron y son sus mujeres las primeras que apoyan su lucha, conocedoras de que también es la suya. Si la Berlinale se ha venido definiendo en los últimos años como un festival político, que Gracias a Dios ganara el Oso de Oro no vendría sino a dar la razón de que estamos tomando el camino correcto. Con o sin la ayuda de Dios.

La amabilidad de los extraños

La amabilidad de los extraños

La película inaugural de esta Berlinale 2019 ha sido The Kindness of Strangers (La amabilidad de los extraños) de la directora danesa Lone Scherfig (An Education, 2009) El grueso de este artículo viene a reparar lanzas más que a romperlas, a tratar de hacer entender que el mundo es un lugar mejor de lo que nos han hecho creer y que mientras haya un vecino que salude no todo está perdido en la comunidad. En el último año del director Dieter Kosslick, una película de Lena Scherfig ha abierto la Berlinale. Hace dieciocho años en 2001, su primera vez a cargo del festival, otra película de Scherfig fue la elegida para inaugurarlo. Bonita manera de despedirse, auf Wiedersehen maestro.

The Kindness of Strangers cuenta la historia de Clara (protagonizada por la Zoe Kazan de La Gran Enfermedad del Amor) quien escapa con sus dos hijos nada más empezar la película, en vista de los malos tratos que su marido ha empezado a infringirles. Esta mujer trata de mantenerlos a flote bien con hurtos en tiendas, bien recurriendo a la ayuda de extraños. Y estos extraños acarrean asimismo sus propias losas. Esta es la moraleja de la película: uno no se deja ayudar por alguien cuya situación es envidiable sino por alguien que asimismo atraviesa dificultades. Así es la empatía, energía, karma, psicología o fuerzas del universo. Para subsistir, Alice (la dulce Andrea Riseborough) se triplica entre su trabajo en el hospital como enfermera, dando terapias de grupo en una iglesia y prestando ayuda en comedores sociales. Hasta que ya no puede más. O Marc (Tahar Rahim), quien tras cuatro años de cárcel pese a ser inocente encuentra un trabajo en un restaurante. Diversos personajes, todos ellos de ojos tristes pero llenos de amor, van encontrándose de una manera u otra. Pese a un reparto elegido con gran acierto, The Kindness of Strangers ha sido tildada por una parte importante de la prensa como “azucarada, naif o maniquea” nada más finalizar su estreno. ¿Y sabéis qué? No hagáis ni caso. Id a verla cuando llegue a los cines o la estrenen las plataformas. Más allá del mensaje, es una película de una factura excelente.

                                                                                           copyright © Per Arnesen

No se debe pretender transformar a un pesimista en un optimista si nosotros mismos no predicamos con el ejemplo y dejamos de avergonzamos de cómo somos. Un pesimista se define a sí mismo como realista. Un optimista no se define, se refugia en el miedo a la incomprensión y a ser tildado de infantil, así que no comparte su visión interior. Estos son los tiempos en los que vivimos. Es por ello que en el cine el término medio- así como la clase media en la sociedad- amenaza peligro de extinción, dejándonos dos bloques de películas bien diferenciadas: historias semi alegres – semi tristes con dosis de comedia y dramas desesperanzadores. Dado esto, es ejercicio sano -y casi obligatorio- alzar la voz o el bolígrafo cuando uno topa con una película que pertenece a ese término medio que tanto escasea. Uno que muestre las tribulaciones de sus personajes sin que terminen ahogándose en ellas, sino demostrando que a veces se sale a flote. En el cine moderno, Hollywood nos ha hecho ver tantas veces la misma historia con un predecible final feliz que los críticos de cine aborrecen una película si ésta no termina mal. Yo alzo la voz ante un cine tan realista como el de los pesimistas, uno hecho con talento que nos permita mantener la esperanza y no caer en la desconfianza al prójimo.

Pues Lone Scherfig defendió en rueda de prensa a los personajes de sus películas, a los que no considera superhéroes, y a su manera de hacer cine, cuyos finales no considera necesariamente felices. Ella es realista a su manera, a esta manera: “Yo creo en manejar grandes problemas con historias íntimas (…) El mundo es un lugar duro, pero me gusta hacer sentir a la gente que pertenecen a la comunidad”

Berlinale 2019: el fin de una era

Berlinale 2019: el fin de una era

Se va el hombre del sombrero negro y la bufanda roja. El festival de cine de Berlin, más conocido como la Berlinale, vuelve como cada año a principios de febrero, en esta ocasión entre el jueves 7 y el domingo 17. La despedida de Dieter Kosslick, director de la Berlinale durante los últimos 18 años, supone el fin de una era y el inicio de otra del festival de cine más grande y de más público del mundo. Cultural Resuena estará allí otro años más cubriendo el evento de manos de un servidor.

Medio millón de visitantes y 330.000 tickets vendidos en diez días. Es como la segunda navidad en la capital alemana. Los números avalan la gestión de Míster Berlinale pues, para entender la magnitud, desde que Kosslick se hizo cargo en 2001 el presupuesto del festival ha pasado de 11 a 24 millones de euros y las venta de entradas ha aumentado en un 40%. Pero una gran parte de la crítica y del periodismo en general dicen que la Berlinale ha perdido fuelle y es una sombra de lo que fue. ¿Y por qué? Porque en este mundo las modas y las directrices del éxito vienen desde Hollywood a través de sus estrellas, son éstas las que dictan lo que triunfa y lo que no. A diferencia de los festivales de Cannes o Venecia, la Berlinale apuesta más por el talento por descubrir y por películas de un carácter poco comercial, una apuesta exitosa si miramos los números año tras año y que demuestra que otro tipo de películas y de maneras de hacer cine siguen suscitando el interés de muchísimas personas; esto es algo que debería alegrar a la crítica y sus periodistas en lugar de enfadarlos. Martin Freeman, Christian Bale, Catherine Deneuve, Tilda Swinton, Jamie Bell, Charlotte Rampling o Juliette Binoche son solo algunos de los nombres que pisaran la alfombra roja en esta edición. Juzguen ustedes. Si son suficiente estrellas o no en un evento en el que prima el cine político y social, historias fidedignas al contexto actual, arriesgadas y valientes que nada tienen que ver con el glamour. Ni falta que hace.

A Berlín llegará Isabel Coixet, la gran abanderada española presenta Elisa y Marcela o, lo que es lo mismo, la primera película de la historia producida por Netflix que la Berlinale acepta en competición; aprende del error de Cannes al dejar escapar a la Roma de Cuarón que Venecia no dudó en abrazar. Elisa y Marcela cuenta el amor prohibido de dos mujeres a principios de siglo pasado, una historia real en la que el propio festival ha puesto el foco y que podría alzarse con el Oso de Oro a mejor película. Coixet sería la primera española de la historia en conseguirlo y la tercera mujer consecutiva en los últimos tres años.

                                                                                          Elisa y Marcela

Hablando de mujeres, en este 2019 ellas dirigen 7 de las 17 películas en competición, representando un 41% del total. En Cannes el año pasado la cuota de mujeres fue de un 17% y en Venecia un terrible 4% (solo 1 de las 21 películas en competición) La escasa presencia de directoras en la industria del cine no solo es debido a su poca visibilidad, es que en realidad hay pocas mujeres dirigiendo películas. Necesitamos más mujeres al frente de las producciones para añadir calidad y diversidad al cine, pero tienen el acceso mucho mas complicado que los hombres. Tenemos que seguir luchando por el progreso.

España estará presente en otras nueves películas en esta Berlinale 2019, de las que destacan dos esperadísimos cortometrajes dentro de la sección Berlinale Shorts:

  • Suc de Sindria, dirigida por la barcelonesa Irene Moray.
  • Leyenda dorada, codirigida por el donostiarra Ion de Sosa y el ilicitano Chema García Ibarra, a quienes Cultural Resuena entrevistará unos días previos a finalizar el festival.                             

Siguiendo en el apartado hispanohablante Cultural Resuena tiene cerrada otra entrevista, con la directora costarricense Antonella Sudasassi que presenta en El despertar de las hormigas una fantástica historia de sueños despiertos, hecha con una inteligencia que rezuma belleza y talento en cada escena. Otra de las novedades será el retorno del guatemalteco Jayro Bustamante; quien ganara un Oso de Plata en 2015 por Ixcanul vuelve cuatro años después con Temblores, un drama punzante acerca de la homofobia y del fanatismo del cristianismo en Guatemala. Tanto Brasil como Argentina volverán a ser, una edición más, los países sudamericanos con mayor representación entre todas las secciones.

Destaco en el apartado internacional -dentro de la sección Panorama– a la siempre excepcional Geraldine Chaplin, herencia viva del mítico Charles Chaplin, quien protagonizará junto a Udo Kier La fiera y la fiesta, film rodado en la República Dominicana que está despertando mucha expectación. Siguiendo en Panorama, resalto otras tres películas: la coreana Woo Sang, porque la enorme calidad del cine coreano siempre nos trae alegrías, la norteamericana Skin, con un Jamie Bell (Billy Elliot) haciendo de neonazi renegado al estilo Edward Norton y también de EEUU llega Light of my life (Luz de mi Vida) donde Casey Affleck (el bueno de los hermanos) dirige y protagoniza una historia de corte independiente dentro de un bosque en un futuro post apocalíptico.

Y llegamos a la joya de la corona o sea a Competición, o sea a las películas que se disputarán el Oso de Oro con Isabel Coixet. Tendremos al maestro Zhang Yimou, uno de los mejores directores asiáticos en activo, a François Ozon con una historia de abusos sexuales de la Iglesia en Grâce à Dieu, a la vuelta con The Golden Gloves del hijo pródigo alemán Fatih Akin, ya ganador del Oso de Oro en 2004 o a la polaca Agnieszka Holland con Mr Jones y la historia del legendario periodista Gareth Jones. Otros nombres ya conocidos en el circuito europeo y algunos debuts completan un total de 17 películas. Especialmente me llama la atención la macedonia Dios existe, su nombre es Petrunya con una peculiar y original mezcla de géneros que podría dar la sorpresa.

Y por último las estrellas, que están fuera de competición. El señor Christian Bale aparecerá el lunes día 11 pisando la alfombra roja para traer Vice, donde encarna al diabólico exvicepresidente americano Dick Cheney. Un día antes, Diane Kruger y Martin Freeman estrenarán un thriller de agentes del Mossad israelí en The Operative. El actor brasileño Wagner Moura (Narcos, Tropa de Élite) ha dirigido su primera película titulada Marighella acerca de un guerrillero que luchó contra la dictadura de Brasil en 1964. Y por encima de todos, los 90 años de la última Grand Dame del cine: Agnès Varda. En lo que parece su adiós definitivo, la belga hará en Varda par Agnès un repaso a toda su carrera durante dos horas, dos horas de una de las pioneras del cine feminista.

Llegará entonces la Berlinale a su fin, tras diez días de paneles, de discusiones sobre Netflix y el streaming, del futuro de las salas de cine, de talentos que cuentan sus experiencias y como aprender de nuestros errores, diez días de correr en el metro para llegar a una película y seguir luego corriendo para llegar a la siguiente, de gente sentada en los bancos mirando el programa de la Berlinale, decidiendo entre esa maraña de 400 películas, de esas ruedas de prensa mágicas en las que directora y actrices respiran por un corazón excitado tras el estreno, de hacer entrevistas cambiando a última hora una pregunta por otra, diez días de apenas comer y dormir aún menos. Morir, dormir: dormir, tal vez soñar. El fin de una era y el principio de otra. Se va el hombre del sombrero negro y la bufanda roja.

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MTV o la personificación del mal

MTV o la personificación del mal

El próximo domingo 4 de noviembre, se celebrará en el Bilbao Exhibition Centre (BEC) de Barakaldo la gala de los European Music Awards de la MTV. Además, durante toda la semana previa, se llevarán a cabo conciertos -gratuitos y de pago- en diferentes lugares de la provincia, como Durango, Getxo o Barakaldo, culminando con un macro concierto que se celebrará en San Mamés, el estadio de fútbol del Athletic de Bilbao, el sábado 3 de noviembre. Hasta aquí, todo normal. Por un lado, Bilbao continúa con su estrategia de convertirse en la ciudad de los servicios y los grandes eventos por excelencia, situando en la programación cultural mainstream la base de su proyección al mundo. Por otro, las voces disonantes y las protestas hacia el millonario gasto municipal y provincial de este acontecimiento no se han hecho esperar. En esta ocasión, sin embargo, la dimensión que ha adquirido la polémica trasciende, a mi modo de ver, el a veces demasiado simplificado debate de la desigualdad de fuerzas de las culturas locales y globales. Como no podía ser de otra manera en este siglo nuestro de las ofensas morales, a la inicial tensión que estas políticas culturales -tan habituales ya en Bilbao- están generando en ciertos sectores de la población se le han sumado una especie de pánico moral y su consiguiente caza de brujas, que, lamentablemente, forman parte ya del pan nuestro de cada día. Me refiero a la polémica que en Euskadi ha suscitado la reciente noticia de la inclusión del grupo de rock Berri Txarrak  en el cartel del concierto de San Mamés. Vayamos, pues, por partes.

Con el objetivo de visibilizar la ya mencionada protesta contra esta política de los grandes eventos, se creó una plataforma ciudadana que ha iniciado una campaña con la intención de boicotear la gala de MTV. Con el eslogan “Piztu Bilbo, itzali MTV” (“Enciende Bilbao, apaga la MTV”), la plataforma denuncia la utilización de “nuestro espacio urbano a modo de escaparate y [la venta de] las múltiples identidades y la cultura vasca como simple folclore vacío”. Y añade que “la intención (…) es (…) aprovechar el simbolismo que esta compañía estadounidense tiene para denunciar el actual modelo de
ciudad que está perdiendo su característica identidad popular, pero sobre todo para poner en valor que todavía hay otro Bilbao popular y plural” (texto completo en: https://www.lahaine.org/fK6Q). Como casi siempre, el problema no está en la campaña, sino en las vías de actuación que se eligen para defenderla. En este caso, como la cosa va de música, la campaña se ha difundido a través de una canción (que se puede escuchar aquí). Pero resulta que, tanto en la estética como en el significado de la letra, encontramos algunas contradicciones que hacen que el mensaje se diluya.

De un lado, la denuncia a lo que la MTV simboliza se realiza a través de una estética tanto musical como visual que emula demasiado al medio que pretende criticar. Con una mezcla de rap, hip-hop, reggae y ska, la reivindicación de lo local solamente se intuye en que el idioma en el que se canta la canción es el euskera. Estos estilos musicales se utilizan habitualmente como símbolo de lo popular –entendido, en este caso, como identitario y de clase-, ya que, supuestamente, se trata de tipologías musicales que surgen en estratos sociales bajos, en barrios periféricos, y que, en principio, están alejados de la llamada música comercial. Sin embargo, tal es la fuerza de la industria cultural, que, a estas alturas, no sé hasta qué punto puede entenderse de esta manera.

De otro, en cuanto a la letra de la canción, ésta consiste en un totum revolutum de reivindicaciones y estereotipos. Con todo, lo más llamativo es el tono, que, en ocasiones, resulta de un moralismo enternecedor. Sirvan de ejemplo los siguientes versos:

Laurogeita hamarreko hamarkada                               La década de los noventa
soilik musikari zuzenduta zegoena                               la que sólo estaba dirigida a la música
denborak aurrera egin ahala                                        que con el paso del tiempo
Ignorantzia piztu duena                                                ha encendido la ignorancia
sexu, droga, jaia, estereotipo denak finkatuz               sexo, droga, fiesta, fijando todos los estereotipos
Musika kendu ta iraintzen gaituena                              nos quita la música y nos insulta

Se entiende aquí que la MTV personifica todos los males de nuestra sociedad, haciéndola responsable nada más y nada menos que de “enquistar todos los estereotipos”, que no son otros que los que aparecen en el manido “sexo, drogas y rock’n’roll” y que ya no escandalizan a nadie. Esta atribución de la responsabilidad de todos los males que están acabando con nuestra forma de vida -el capitalismo, la globalización, el inglés como idioma imperialista, el sexismo, el racismo, etc.- a un enemigo concreto y único, además de tener un tufo de moralina difícil de soportar, funciona como una vía fácil de quitarse de encima toda responsabilidad personal. La realidad es, por suerte o por desgracia, mucho más compleja que esto y la estrategia de crear ese “pánico moral” entre la población deja de ser creíble en el momento en que el vídeo se difunde por Youtube, Twitter y Facebook, plataformas globales que también forman parte del monstruo capitalista. Tampoco es creíble que los autores del vídeo hablen en nombre de la “juventud vasca” como un todo homogéneo que rechaza las iniciativas de la MTV, cuando las entradas que se han puesto a la venta para estos conciertos -exclusivamente para personas residentes en Bizkaia– se acabaron en menos de una hora.

Pero la cosa no termina aquí. Como ya he mencionado, hace unos días se dio la noticia de que Berri Txarrak iba a actuar, junto con Muse y Crystal Fighters, en el macro concierto del 3 de noviembre. No creo que nos equivoquemos si sospechamos que este movimiento institucional de última hora ha venido motivado para acallar las críticas que también se le han dirigido a la organización ante la ausencia de grupos locales en la programación. Sin embargo, esta decisión ha traído otro debate a las redes sociales, y la gente se ha entretenido –y nos ha entretenido- discutiendo sobre si Berri Txarrak «debería» haberse negado a actuar en este monstruoso evento. Las redes, pues, se han dividido entre quienes creen que los integrantes del grupo se han vendido al capital y quienes creen que hacen bien en aprovechar el escaparate para llevar el euskera y la cultura vasca hasta los últimos confines de la tierra. ¿Qué opino yo? Pues que ni una cosa ni la otra.

Me llama la atención la ligereza con la que repartimos lecciones morales a los demás, sobre todo si los demás se dedican a alguna actividad artística. Exigimos que los artistas tengan una actitud ejemplarizante, no sólo con algunos valores universales, sino con los valores que nosotros mismos les imponemos. Proyectamos en los músicos que nos gustan los valores éticos que nos gustaría que tuvieran y exigimos que actúen, no ya como nosotros lo haríamos, sino como creemos que “deben” actuar ellos. Olvidamos que vivimos todos inmersos en un sistema que continuamente nos pone frente a nuestras propias contradicciones. Berri Txarrak es un grupo de rock que se ha mantenido a base de trabajo, vive de su música y lo hace cantando en euskera. Ha preferido ser cabeza de ratón que cola de león. Y tampoco hay que olvidar que ha sido el niño mimado de instituciones, radios y demás vías de difusión en Euskadi. Esto de la MTV no deja de ser una anécdota y la reproducción a escala de campo de fútbol de lo que ya venía sucediendo.

El problema fundamental de este tipo de polémicas está en que la energía se malgasta en la dirección equivocada. La simplificación de las realidades complejas nos lleva a una situación peligrosa, que, en este caso, se traduce en vanos esfuerzos para tratar de destruir lo indestructible, en vez de intentar construir lo posible, Y, al final, todo se queda como estaba. La MTV seguirá ahí, igual que lo harán el BBK Live y otro sinfín de macro eventos. Tenemos la opción de situarnos en medio de la vía del tren y pretender que éste descarrile, aunque seguramente nos lleve por delante. O dejar que el tren pase, sin poder evitar que haya gente que quiera montarse en él, y dedicar nuestros esfuerzos a crear, fomentar y apoyar, cada uno desde la posición que desee, las pequeñas salas de conciertos, las iniciativas culturales de nuestras ciudades y los artistas locales. Sin olvidarnos de que, hasta el más puro de los espíritus, se da de vez en cuando un paseo por Los 40 Principales, Operación Triunfo, Apple, Twitter y se toma una Coca-Cola.

 

Alexandre Vidal Porto en Hay Festival: vida, política y cultura

Alexandre Vidal Porto en Hay Festival: vida, política y cultura

Segovia acogió el Hay Festival los días 10 y 17-23 de septiembre con la edición Imagina el mundo. Con representantes internacionales de todas las artes, estuve en la entrevista al escritor y diplomático Alexandre Vidal Porto (São Paulo, Brasil) en el espectacular entorno arquitectónico originariamente del siglo XIII del Convento de Santa Cruz la Real

Este escritor tuvo una interesante conversación con Lorenzo de’ Medici y en ella Vidal Porto fue mucho más allá del famoso «He venido aquí a hablar de mi libro» de Francisco Umbral. Porque cuando una persona combina bien diversas facetas a priori tan diferentes como el ser diplomático y escritor, puede resultar que estas se entremezclen en la ficción y en la realidad.

En este evento Vidal Porto habló mucho de su vida y aparentemente no tanto de su obra. Lo que sucede es que hay que entender que la vida da paso al arte y el arte a la vida, sobre todo en determinadas personas. Porque a través de sus propias experiencias personales y profesionales, este escritor plasma en sus libros y en sus apariciones la dura realidad que viven millones de personas que luchan por la dignificación de su manera de ser y de vivir. De esta manera le da voz y visibilidad a los homosexuales y a los transgéneros y su lucha por los derechos humanos. Uno de los ejemplos de esto lo encontramos en su segunda obra Sergio Y. vai à América (2012), con la que ganó el Premio Paraná a la Mejor Novela. En ella se adentra en la búsqueda de un migrante en Estados Unidos -algo que el propio autor vivió- que es el paciente de un psiquiatra porque además Sergio Y. es una persona transgénero que, de pronto, abandona la terapia. De manera que este personaje tiene una doble búsqueda vital de sí mismo, algo que el propio escritor explicó que él vivió durante años. Sin embargo, en este libro no es el paciente quien nos cuenta esta búsqueda, sino su psiquiatra Armando, quien a su vez y gracias a este paciente, hace su propia búsqueda y reflexión personal cuando se entera que su paciente desaparecido es una persona transgénero.

Una de las cosas que destacó Vidal Porto en esta entrevista es que no hace demasiado tiempo no se hablaba de estos temas tan abiertamente como ahora -aunque todavía queda mucho por hacer-, porque de lo que no se habla, parece que no existe. Además, actualmente hay una lucha por dar visibilidad a estas realidades pero, a su vez, han surgido movimientos radicales que demonizan a las personas que se salen de los cánones preestablecidos según determinados ideales. En el caso de Brasil, Vidal Porto señaló que existe una persecución en la que se entremezclan estos ideales con temas políticos a raíz del cambio de Gobierno y resulta necesario no solo darles visibilidad, sino también luchar por sus derechos.

En esta entrevista también se planteó si podría suponer un problema ser un diplomático y escritor homosexual, tanto por el tema político en sí como basándonos en lo que se está viviendo en Brasil. Como espectadora, considero que es una magnífica oportunidad para ayudar a abrir los ojos y la mente a nivel internacional sobre la interrelación del poder y lo que este conlleva para la sociedad en general y para la sociedad de cada país en particular. En el caso concreto de Brasil, tener a una figura tan carismática como Alexandre Vidal Porto debería resultar sumamente beneficioso.

(Foto: Historia de España)