(Foto sacada de: http://www.agence-captures.fr/catalogue/)
Hay una nube grande que engloba, la que pretende cubrir los cuerpos con banderas de derecha o izquierda, empapelar cadáveres ensangrentados, los que llenan estadísticas. Está nube que aglutina números, ensarta discursos sobre las víctimas sin nombre, elabora historias oficiales, despersonalizadas, aquella que empaqueta la tragedia en el espectáculo de las ideologías. Colombia se ve ante este problema, el problema de una ilusión: la política que se instaura en la posición privilegiada bogotana y que mira desde la audiencia el espectáculo de la guerra que se da abajo, en la provincia, en medio del pueblo. Esa perspectiva bogotana, la del espectáculo, es considerada como la oficial. Lo que ve la élite colombiana es lo que cree consecuencia de un conflicto de intereses políticos y cuya verdadera cara es de otra naturaleza, una muy distinta. El espectáculo que cree ver en la violencia una revolución o bien una justicia de seguridad democrática, no es más que la tragedia sin sentido de hombres y mujeres que han perdido sus nombres en medio de una guerra que desconocen pero que padecen. Las artes y la literatura se han puesto entonces a la tarea de soplar sobre la niebla que esconde la realidad cruda y crispante. Dos ejemplos de radiografías similares son la aclamada novela de Evelio Rosero Los ejércitos (2007) y la actual exposición, que va hasta el 13 de marzo del 2017, en el Museo del Banco de la República en Bogotá y que lleva el título de Formas de la memoria.
Las artes le imparten entonces una agenda política a Colombia, una de la memoria, aquella que recorra las huellas del conflicto armado, los testimonios y los tejidos de la tragedia colombiana. Solamente tomando al toro por los cuernos, viendo a los ojos del basilisco ya cansado y viejo, afrontando la violencia no solamente de la guerrilla y del paramilitarismo sino del estado, solamente entonces el país estará dispuesto a darle la vuelta a la página de un conflicto armado de décadas. Hay que acabar con la indiferencia y la ignorancia bogotana, la auto-anestesia, la masturbación mental de que esto es una guerra política, de que hay diferencias entre los ejércitos. El antídoto a esta ceguera se encuentra entonces en las artes:
Evelio Rosero retrata el sucumbir de un pueblo a la deriva del estado. San José es un pueblo arquetípico colombiano cuya tragedia se asemeja a la infinita que ha tenido que padecer San José de Apartadó en el municipio de Urabá (Antioquia): un pueblo al que le llega la guerra como la lluvia, irracional y fatídica, sin sentido pero igualmente destructiva. Ismael es un profesor, un viejo verde y machista que se ve introducido en la tragedia de ver caer su pueblo en la violencia más cruel y en la de perder a su única compañía, Otilia, su esposa. La novela de Rosero recuerda al tono de Gabriel García Márquez en Crónica de una muerte anunciada (1981), al mostrar también a un individuo encarcelado en el laberinto de una violencia y una incomunicación que lo abarca todo. Cojeando, Ismael busca a su esposa en vano y espera la muerte como quien espera una plaga divina. Ismael olvida su nombre, los nombres de los demás y se pregunta, al enterarse de la lista de muerte paramilitar, guerrillera o del ejército: “¿Para qué preguntan los nombres? Matan al que sea, al que quieran, sea cual sea su nombre. Me gustaría saber qué hay escrito en el papel de los nombres, esa «lista».” Las listas, los proyectos, el plan, la guerra ideológica, todo aquello le es indiferente a la víctima que solamente vive la inmediatez de los desmembramientos, las desapariciones, las masacres. En el caos del infierno el orden de la matanza es de una frivolidad inmensa y carece de toda importancia, es la crueldad misma. En un país que afronta una Paz formal, la sangre a borbotones del conflicto relativiza todo texto firmado. Es este dolor a carne viva el que se instaura en el centro del conflicto y exige un cese al fuego inmediato. En la absurdidad de una guerra guiada por el espectáculo de papeles, Ismael se refiere constantemente a una risa, la gran risa inminente de la fatalidad del conflicto armado. Es por esto y por muchas otras razones que la novela de Rosero se ha visto como fundamental para la lectura y la elaboración del conflicto armado colombiano. El conflicto en el que da igual quién aprieta el gatillo, solamente hay ejércitos y ejércitos que invaden e inundan. No hay diferencias entre las botas de caucho y las de cuero, solamente hay hombres con armas y gente padeciendo una tragedia como el caer de la lluvia.
La absurdidad de la guerra se refleja en todo su esplendor por medio de las distintas perspectivas: para la víctima la idea de una seguridad democrática o de una revolución marxista en medio de un mar de sangre no puede ser más que un chiste de mal gusto; por otro lado la celebración del conflicto armado por parte de la élite bogotana no carece de reflejos cómicos y este es justamente el gran valor del video “El aplauso” (1998) del artista español Antoni Muntadas presentado en la exposición Formas de la memoria. En la video-instalación conformada por tres proyecciones a manera de tríptico o bien de atrio del público, se muestra a una audiencia aplaudiendo e intermitentemente imágenes clásicas de la violencia en Colombia: la explosión del avión de Avianca, la masacre de la toma del Palacio de Justicia, etc.. Lo que produce la ácida crítica de Muntada es una carcajada que también está implícita en el personaje de Ismael: es allí donde Colombia se une, en una carcajada de resignación y de miedo, una carcajada ante la violencia convertida en cotidianidad, en telenovela y espectáculo.
Meryl Streep dio un precedente en la crítica Anti-Trump en su último discurso en el que aclaró su dolor producido por una burla del presidente de los Estados Unidos a un periodista discapacitado, un dolor que se dio entre otras cosas por la certeza de que no se trataba de una película, de una ficción. El poder ignorar el dolor ajeno es una cfacultad del espectáculo, de la ficción, es justamente allí donde nos permitimos no sentir total empatía por sufrimiento de otro ser y podemos continuar nuestras vidas como si no hubiera pasado nada. Es más, es justo por medio de la ficción que capitalizamos ese dolor en una crítica, con mente fría. ¿Qué ocurre entonces cuando la guerra se vuelve espectáculo, cuando vemos el dolor ajeno, el verdadero de la misma forma que vemos el asesinato de Medea o el suicidio de Judas? Es entonces cuando nos convertimos en seres irrisorios, cómicos, grotescos y nuestra realidad no viene a distinguirse de aquella de un coliseo romano. Muntadas revela de cierta forma ese espectáculo que nos ha vuelto ciegos e inhumanos, una violencia que se acepta como parte del día a día, una resignación inaudita: la pasividad extrema, la expectación cómplice.
Olvidamos el dolor ajeno como quien diluye sus recuerdos en agua. Esa imagen es el folio sobre el que trabaja Oscar Muñoz en su instalación para la misma exposición en el Banco de la República. Sobre una mesa se proyectan varias fotos que vienen a ser lavadas en un lavamanos dejando diluir la memoria en su forma más efímera. Olvidamos la tragedia como a una película, sufrimos la noticia y nos volvemos a acostar en paz. La guerra se consume entonces como las imágenes mediáticas, como el chorro de agua que alguna vez describió Paul Valéry refiriéndose a la fotografía. El consumo de la guerra nos ha hecho olvidarla, enajenarla, desprenderla de su carne, de su realidad.
¿Colombia se olvida para sobrevivir? ¿Qué políticas de olvido y memoria necesitamos para no acostumbrarnos a la barbarie? Preguntas sin respuesta, incómodas pero necesarias, preguntas para una agenda que es más urgente que nunca, en el marco político para la Paz, el cual exige una actuación de cada uno de los ciudadanos. Hay que hacer el esfuerzo de subir al podio, dejar la posición cómoda bogotana, la expectante, la enajenada, simpatizar con el que sufre y entonces así tomarse en serio la urgencia de un cese al fuego inmediato, en todas los frentes, en todos los pueblos, en toda Colombia.
Durante semanas nos inundan con mensajes e imágenes sobre la Navidad y su significado, en el que cobra una especial relevancia el amor, la fraternidad y los compromisos sociales. También los villancicos navideños de diferentes estilos musicales nos acompañan durante estas señaladas fechas, desde los más tradicionales como Los peces en el río a versiones de lo más dispares. A muchas personas les gusta esta época del año pero a otras muchas no por diversos motivos como pueden ser su cada vez mayor espíritu consumista, la ausencia de personas importantes o simplemente la saturación de los tipos de mensajes mencionados.
Leí recientemente en unartículo de Diario16 que todas las canciones sobre la Navidad «hablaban de magia, ilusión y felicidad». Dejando a un lado que las generalizaciones suelen llevar a terrenos peligrosos, no comparto esa opinión porque hay grupos que aprovechando los tradicionales villancicos crearon otros que siguen una línea muy diferente a través de la cual hacen críticas sociales, como Soziedad Alkoholika que en 1999 hizo un tema muy crítico llamadoFeliz Falsedad, Ska-P con suVillancico o K.O. con su Qué asco de Navidad. Algunas de sus características son el sonido más potente, las letras reivindicativas y la mención directa a una época del año donde, según la letra de las canciones, la hipocresía luce con más brillo. Desde luego no son los típicos villancicos aunque estén basados en ellos.
Sin embargo, también hay otro tipo de villancicos que utilizan el humor como base. De hecho, hace unos días apareció una nueva canción navideña: Falaz Navidad, creada por el cantautor Víctor Lemes e interpretada por la actriz Antonia San Juan, quienes utilizando la sátira y el humor también hacen una crítica de la sociedad -como ya hicieron con el tema Hater Hater– y más concretamente de la pequeña/gran sociedad que es una familia. Parece que ha habido un cierto revuelo por el tema que tratan pero permítanme decirles que al lado de las canciones anteriores, el contenido de esta me parece bastante light. ¿O acaso ha sorprendido que hayan hablado sobre un tema en parte tabú como son las relaciones familiares en estas fiestas?
En el vídeo comenzamos viendo una familia idílica como la que nos venden en los anuncios pero en cuanto el personaje de Antonia San Juan aparece vestida de rojo (aparentemente un color muy acorde a las cenas en estas celebraciones), comienza a desarrollarse esa falsedad que da título a la canción y ella se ve en la obligación de saludar cordialmente a gente que no soporta. Se desarrolla una cena como todos los años anteriores, con los mismos invitados, conversaciones y clichés, donde hay que mantenerse cordial aunque se toquen temas que son motivo de discusión como la política o las propias relaciones personales, ya que este tipo de reuniones sirven como base para largas conversaciones a lo largo del año sobre lo que sucedió y lo que no, y las posteriores relaciones (o no) entre los miembros de esa familia.
Lo que sucede es que esta mujer rubia vestida de rojo (símbolo del poder, la pasión, la acción, la sangre,… En definitiva, las pasiones) encarna la tentación y se fija en un joven invitado, aparentemente pareja de una pariente, al que desnuda con la mirada y nos deja claro que le desea. Otro tema poco tratado actualmente y que aquí también se refleja es el de las relaciones de mujeres con hombres más jóvenes. A esto hay que sumarle cuando ella le intenta seducir a su manera delante de todos los presentes mientras se hacen una foto para inmortalizar lo feliz que está siendo esa familia de 13 miembros, cuya díscola componente central no está dispuesta a acatar las aparentes normas preestablecidas e ignora los dedos acusadores y a todos los asistentes que parecen pedirle explicaciones en la foto que hacen que muestra la realidad de esta familia.
He de reconocer que viendo esta parte final sonreí ante la audacia que parece haber pasado desapercibida pero no para alguien que haya contemplado muchas obras de arte. Porque el final de este vídeo representa La última cena de Leonardo da Vinci, una obra maestra no solo del Renacimiento, sino del arte universal. Una manera de meter de nuevo en este vídeo el tema de lo sacro y lo profano en una celebración familiar. Es una alegoría a la última cena de esta familia, tanto la de la canción que nos ocupa como la del cuadro, en la que la figura central se mantiene impasible y en paz vestida de rojo -aunque en la canción sea una mujer quien parece adoptar a su vez la personalidad de Judas pero en esta ocasión traicionando a un familiar-, mientras el resto de parientes adoptan exactamente las mismas posturas que los apóstoles en aquella santa cena que acabó siendo tan dramática por la traición de uno de aquellos miembros a Jesús. Como en el cuadro, aquí los personajes aparecen agrupados en cuatro grupos de tres y poner en la parte central a «la traidora» representa todo un cúmulo de mensajes.
Todo ello nos muestra que cualquier tipo de canción puede servir para añadirle significados que en un principio no tenían asociados y en estos casos concretos una feliz o falaz Navidad depende del contenido de la letra de dichas canciones.
La relación de los videojuegos con la política es un hecho sobre el que ya no hace falta llamar la atención. Podemos presentar algunos ejemplos para sustentar esta afirmación. Uno de los casos más conocidos es el de la creadora del canal de YouTubeFeminist Frequency, Anita Sarkeesian. En él, Sarkeesian, tiene una serie de videos llamados Tropes vs Women in Videogames consistente en analizar las figuras retóricas usadas en los videojuegos y la posición de las mujeres frente a ellos.
Debido a estos vídeos, Sarkeesian fue víctima de una campaña de acoso a través de las redes sociales y distintas amenazas de muerte y de bomba en distintas universidades donde planeaba dar conferencias para concienciar sobre el tema.
También existen referentes más cercanos que han dedicado un tiempo a pensar en la interacción existente entre los videojuegos y distintos valores políticos. Siguiendo con los canales de YouTube existe el excelente trabajo de Bukkuqui. En él, tanto el tema del feminismo en videojuegos (y series) como el de la ideología de los videojuegos han sido tratados de una forma excelente.
Llegar a reflexionar sobre la ideología de los videojuegos nos lleva a otro tipo de aproximación al mundo de la política y los videojuegos. Ya no se trata de una mera reproducción de estructuras de poder, como es el caso del feminismo y el patriarcado, sino que se trata de un refuerzo de ciertas creencias en el inconsciente de los jugadores.
Otras aproximaciones a la intersección entre los videojuegos y la política es el libro Videojuegos: La explosión digital que está cambiando el mundo. La reflexión general del libro es “que los procesos sociopolíticos, económicos o culturales y los videojuegos están inextricablemente unidos.” Todo el libro es un esfuerzo por relacionar distintas vertientes de “lo político” con el mundo de los videojuegos.
Un último referente a mencionar es el número dedicado al tema que nos ocupa por la revista Presura. En él una variedad de autores reflexionan con rigor sobre distintos aspectos de la función política de los videojuegos; desde la representación y reproducción de hechos históricos, hasta las presentaciones de estructuras sociopolíticas en los videojuegos.
Habiendo visto todos estos trabajos, es hora de abrir las preguntas. Por un lado tenemos como un grupo de trabajos dedicados a sacar a la luz las capacidades descriptivas de situaciones políticas por parte del videojuego, como el artículo de Jesús Sahuquillo Olivaressobre Victoria II y el imperialismo occidental. Por otro lado, hallamos los trabajos encaminados a hacernos tomar conciencia sobre las visiones políticas latentes en los videojuegos.
Mis intereses personales y profesionales dirigen mis preguntas, sobretodo, a este segundo conjunto de reflexiones. Intuitivamente se hace evidente la existencia de una relación entre la emisión de un mensaje político (aunque esté encubierto tras un aparente producto de mera diversión) y la reproducción de éste por parte de los receptores. Lo que no está tan claro es la dirección causal de dicha relación. Me parece importante saber si los videojuegos actúan meramente como refuerzo de actitudes ya existentes en nosotros o, por el contrario, son estos las que crean estas actitudes.
Soy consciente de la simplificación inherente a este planteamiento, pues seguramente el conjunto de fuerzas latentes interactúa de forma recíproca y afectada por la presión de nuestros círculos íntimos, elementos de estructura social o el márqueting de los productos.
Me parece muy importante aclarar el funcionamiento de estos mecanismos debido al cada vez mayor impacto de este producto cultural en nuestra sociedad. Ignorar esta relación puede suponer abrir en nuestro inconsciente una puerta a la pérdida de autonomía. Entre otras implicaciones, me preocupa el efecto que pueda tener en la configuración de los valores de nuestra sociedad. Por ahora podemos tener algo claro: la política y los videojuegos tienen una fuerte interacción, ya sea como catalizador o como reforzador de los valores políticos de los jugadores.
Seguramente a los lectores más atentos les habrá sorprendido, sino molestado, el uso polisémico de la palabra política. A veces la he usado como sinónimo de valores políticos personales y a veces como acción guiada por éstos. Los distintos usos dados a la palabra en este artículo son conscientes y responden a la voluntad de intentar presentar una visión tan amplia como sea posible de las distintas intersecciones existentes entre “lo político” y los videojuegos.
Evidentemente soy consciente del impedimento supuesto por la polisemia de cara a estudiar el problema de forma específica, pero no es el objetivo de este artículo. Debido a esta voluntad generalizadora y generalizante será bienvenida cualquier reflexión o sugerencia sobre posibles interacciones ignoradas (involuntariamente) en el artículo.
El mes de septiembre ha estado cargado de polémicas sexuales y audiovisuales. Ambas tienen como hilo conductor a Amarna Miller. Sí, la actriz porno que mola, porque explica que eso que ella hace no es algo condenable, sino que puede ser emancipador y transgresor. Pero vayamos por partes:
La primera polémica ha venido de las manos de Novedades Carminha (de los que hablamos aquí). Su último videoclip, correspondiente a la canción Ritmo en la sangre, que ellos han colgado casi de forma exclusiva en su web, tiene un alto contenido sexual explícito. Lo pueden ver aquí.
La segunda polémica es más reciente: se trata del vídeo que promociona el Salón Erótico de Barcelona, donde se ponen algunos puntos sobre las íes sobre la hipocresía española.
En el primer caso, vemos una utilización del sexo un poco gratuita. No pega demasiado con la canción ni es demasiado moderno en cuanto a algunas de sus formas (el cine ya ha querido romper con algunos tabúes, como al evitar ciertos planos, donde se vea qué pasa exactamente en el sexo: lo vimos en Al otro lado de la cama; o con el fetiche de los hombres mayores con chicas jóvenes, en Madrid 1987, por ejemplo) . Pero los de Novedades Carminha han dado en el clavo y presagiaron lo que contendría el vídeo del Salón Erótico. El videoclip de Novedades Carminha no se puede ver en demasiado canales, evidentemente no en Youtube. Y no se puede ver porque hay sexo. Y no se puede ver porque hay censura. Como si el sexo no fuese un asunto de la vida cotidiana, como si la sociedad no estuviera sexualizada, como si hubiese un interés por legitimar esta sociedad cargada de represiones sexuales. El vídeo del Salón Erótico lo cuenta muy bien, jugando con algunos lugares comunes de las contradicciones de la sociedad española. Para que pueda llegar a mucha gente, los de Vimema, la agencia publicitaria que se ha encargado de prepararlo, han utilizado actrices y actores (porno) con bastante ropa y un mensaje contundente, enunciado además por una actriz porno que se autoincluye en el porno ético y feminista. La contradicción, que es lo único que nos pone la mosca detrás de la oreja, es que no deja de ser publicidad, y juega con el carácter emocional con el que también lo hace la política. Los de Novedades Carminha han jugado con el morbo que da lo prohibido y el sexo que, juntos, pueden disparar sus visitas en la web. Parece que hay dos lugares, el de ellos -donde parece que no queremos ni debemos incluirnos- y el de un abstracto nosotros. Ahí caben los que no están de acuerdo con ellos, los que se identifican con lo que pasa en el salón Erótico, los que tienen dudas, preguntas, miedos ante el sexo -aunque intenten no reprimirlo y romper con las ataduras de la sociedad en la que se encuentran-. Y se vincula, por arte de magia, lo que se ha programado en el salón erótico de Barcelona con la condena social a las lacras de la sociedad española, como si de forma diametral y evidente estuviesen en el mismo lugar. Estos vídeos hacen una cosa importante: tratar de normalizar prácticas que son mucho más extendidas en la sociedad de lo que se piensa y decir que todo esto no es depravado, sino que responde a una principio de represión social no aplicado a otros ámbitos; que hay formas distintas e igual de importantes de explorar lo sexual. Pero hay otras cosas que no dicen, como por ejemplo el lugar más que polémico de Nacho Vidal (invitado en el salón erótico) en la configuración de la figura de macho alfa o su dudosa moral con el blanqueo de dinero. O que están abusando de un principio de superioridad moral y cultural, algo simbólicamente traído a colación con la utilización del Lacrimosa del Requiem de Mozart. O que su talante provocativo ha generado millones de likes, comentarios y shares en el mundo de las redes sociales. Es decir: ha dado mucho dinero.
Lo que nos preguntamos desde el mundo de la cultura es cuál es la estrategia adecuada para poner estos asuntos sobre la mesa. Parece que los vídeos como los del Salón Erótico ya toman partido por un grupo social y desprecian o despachan modelos que beben aún de una tradición en la que habría que incidir críticamente. Tampoco parece la mejor estrategia decir las cosas tan claramente como en Ritmo en la sangre si queremos convencerles a ellos de que esto es también normal e invitarles a que vivan su sexualidad sin represión -si eso es posible en términos generales-. No sé si es adecuada la extrema pedagogía, o tratar de justificarlo todo como herencia del catolicismo o de la España cañí que nos dejó el dictador golpista. No sé si la sexualización no pedagógica nos ha invitado, en realidad, a fomentar modelos de control, sometimiento y un auge del machismo entre los jóvenes, o continuar con la objetualización de las mujeres, o la división entre algunas prácticas sexuales y otras. No sé si el porno ético o feminista logra poner sobre la mesa todos los conflictos sociales que se abren con el sexo. No sé si se esconde una pretensión de superioridad del nosotros sobre el ellos. No sé si aún no hay un debate coherente y suficientemente potente en el ámbito público sobre los modelos políticos y biopolíticos que encuentran en lo sexual un arma de doble filo: porque permite marcar lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer al mismo tiempo, un lugar que permite encajar a los ‘normales’ frente a los anormales, que en política son los asociales o los que están en el filo de la integración social. El juego entre el sí y el no aparece en todos los mecanismos políticos, pero especialmente en aquello que las estructuras paternalistas de poder deciden, como las drogas (donde el tabaco y el alcohol sí, pero otras sustancias no). Si incidimos en estos síes y noes de lo político, de repente incluso lo evidente deja de serlo: ¿por qué el Estado puede multarme por no querer llevar el cinturón puesto? ¿Es verdaderamente su potestad decidir sobre mi vida, en este caso, sobre mi cuerpo? Y si es así, ¿con qué legitimidad?
En esta polémica, como vemos, se juntan muchas voces y muchos conflictos sociales. Quizá habría que pensar caminos de diálogo entre ellos y nosotros, donde de ellos no se hable desde el paternalismo o se les condene, o se impongan prácticas disruptivas que no son fáciles de aceptar para todo el mundo porque no todos tienen las mismas herrameintas de crítica social; y donde en nosotros quepan los miedos y las dudas, donde se pueda explicitar todo el peso que, como un lastre, cargamos todos sobre nuestras maltrechas conciencias.
Estamos frente a uno de esos libros que representan un notable esfuerzo por poner de manifiesto la importancia de un tema. En el caso que nos ocupa hablamos de los videojuegos, un producto cultural y, aunque no nos demos cuenta, educativo con un impacto cada vez mayor (y aún poco estudiado) en nuestra sociedad. Existen muchísimos libros que tratan los videojuegos desde una perspectiva académica, pero suelen centrarse en el impacto psicológico de su uso o dedicarse a generar una historia de éstos con sentido y coherencia crítica.
La novedad de este trabajo coordinado por Rafael Rodríguez Prieto y publicado por Héroes de Papel es la voluntad de demostrar que los videojuegos resultan de interés académico para muchas otras disciplinas. Dos ideas recurrentes a lo largo del libro y sus capítulos, a pesar de ser todos escritos por autores distintos, es la facilidad con que los videojuegos transmiten valores a un público mayoritariamente joven. Unos valores que, además, son aceptados sin resistencia, pues los videojuegos son “entretenimiento”.
Los distintos autores se encargan de recordarnos esto tanto en el prefacio y en las conclusiones como en el capítulo uno, siete y ocho. Seguramente sean estos los capítulos escritos con más claridad. Tanto en el caso de la mirada feminista a los videojuegos como en él de la práctica del Abandonware, los autores subrayan el impacto social y político que tiene este producto cultural. La reflexión crítica sobre este producto debe servirnos para reproducir y naturalizar patrones y roles ampliamente aceptados como negativos en la sociedad.
No todo es maravilloso en este libro. En el intento de demostrar la gran importancia y la variedad de aplicaciones que los videojuegos tienen para distintos campos académicos, se acaba pecando de cierto encasillamiento forzado del tema. Por decirlo en otras palabras, tanto en el capítulo seis cómo en el diez, nos hallamos frente a unos textos con un argumento poco definido. La idea de los autores se ve clara, pero la forma en que intentan aplicar sus conocimientos al análisis de los videojuegos nos deja una sensación de falta de claridad en los objetivos.
El libro también adolece de su voluntad por acercarse a demasiados públicos. La intención, reconocida en la contraportada, de acercarse tanto a investigadores o académicos como a un público en general frena en ciertos momentos la fluidez del desarrollo. Se nota especialmente en el espacio dedicado a explicar las dinámicas y los guiones de distintos videojuegos analizados, de sobra conocidos por los conocedores del tema. A pesar de eso, es un precio justo dado el esfuerzo de intentar dar presencia al papel desarrollado por los videojuegos en nuestro mundo.
En resumen, el libro es una importante contribución a la abertura de un terreno aún virgen en el mundo académico en general y, en especial, el hispanohablante. La impresión general una vez acabado es positiva, a pesar de los problemas explicados y algunos errores de edición.
El libro consigue destacar los importantes motivos que hacen necesaria un estudio político-cultural de este fenómeno por encima de sus debilidades. Éstas, seguramente, consecuencia de un esfuerzo de aportar referentes y experiencia en la aplicación de marcos teórico y herramientas de análisis a un tema, los videojuegos, que todavía es considerado secundario por muchos, desafortunadamente.
Citando una fase de las conclusiones “Naturalizar o ignorar este recurso central, el poder, nos hace menos libres y nos acerca a convertirnos en meros objetos a los que se puede manipular.” Consecuentemente, generar una consciencia en el ámbito comunicativo y educativo sobre la importancia de los videojuegos es un elemento central para defender una idea de ciudadano libre, informado y crítico.
El tema central de esta edición de Ars Electronica Festival, en activo desde 1979, ha sido RADICAL ATOMS and the Alchemists of our time. En líneas generales, la propuesta del festival consistía en presentar una cartografía de proyectos y propuestas que, en el contexto de la revolución digital y transformaciones sociales y culturales, buscan diluir o, a veces, delimitar fronteras y amalgamar el cuerpo des-encarnado del big data con la materia física, o lo que en otras palabras podríamos nombrar como una suerte de encarnación a través de múltiples interacciones entre bits y átomos a través del trabajo con substancias naturales.
Uno de los colaboradores principales de esta edición ha sido el Tangible Media Group, del MIT Media Lab. Este grupo de investigación, dirigido por el Prof. Hiroshi Ishii, centra su trabajo en interfaces humano_máquina, interfaces que interpelan a las artes, tecnologías y sociedades a partes iguales.
Radical Atoms is our vision of human interaction with future dynamic materials that are computacionally reconfigurable […] Our vision of Radical Atoms is based on hypothetical, extremely malleable and reconfigurable materials that can be described by real-time digital models so that dynamic changes in digital information can be reflected by a dynamic change in physical state and vice-versa. […] With Radical Atoms we are developing our vision of interactions which do not exist today, but may be invented in next 100 years by atoms hackers (material scientists, self-organizing nano-robot engineers, etc.), and speculating on new interaction techniques and applications which would be enabled by the Radical Atoms. Hiroshi Ishii
Quizás una de las propuestas más interesantes de esta edición ha sido el hecho de centrarse en quienes están detrás, o para ser más precisas deberíamos decir enredadas, con esas tecnologías. Retomar la figura de la alquimia como posibilitadora, en parte, de las ciencias modernas y re-descubridora de conocimientos ancestrales para traerla al contexto contemporáneo de la mano de pensadores, artistas, científicos y, en términos generales, quienes están interesadas en las potencialidades que nos ofrecen las tecnologías en tanto que polímeros biodegradables de una colonia celular que está creciendo en una multiplicidad simultánea. Dicho de otro modo, el interés por las tecnologías como posibilitadoras de otras relaciones posibles, como clave fundamental para pensar y articular futuros especulativos y enredos cuánticos.
Durante los cinco días de festival ha habido una consecución de simposios, workshops, presentaciones, conciertos, performances, encuentros de makers, proyecciones y una multiplicidad de propuestas que resultan tan interesantes como útiles para no perder de vista el anhelo romántico del ser humano por el infinito y su perpetua separación de él, es decir, cuan imposible resulta abarcar toda la programación del festival. A pesar de ello, os proponemos una breve, y sesgada, selección:
Conferencias: Radical Atoms Symposia
Sin lugar a dudas, el simposio estrella del festival, el que ha agrupado a los grandes nombres y cuyas actividades se han dividido en cuatro panels.
Symponsium I.I- Radical Atoms- From Vision to Practice, Hiroshi Ishii, Lining Yao o David Lákatos, mostraron distintos proyectos y aproximaciones para visibilizar cómo la interacción entre arte(s) y tecnología(s) se nutren simultáneamente a la hora de desarrollar tanto dispositivos como líneas conceptuales. Un recorrido a través de ejemplos tangibles, realizados por Tangible Media Group, para mostrar cómo ideas que provienen del arte ayudan al desarrollo de investigaciones tecnológicas.
Symposium I.II- Radical Atoms – Impact and Expectations, este panel siguió la estela del anterior, poniendo en común los trabajos del Tangible Media Group con el Ars Electronica Futurelab, para abordar conjuntamente cuestiones relativas cómo la evolución de Radical Atoms puede afectar a distintas prácticas, sectores económicos y estructuras cotidianas.
Durante esta sesión los participantes, entre ellos Carlo Ratti, Yoichi Ochiai o David Benjamin, presentaron distintas aproximaciones a través de proyectos a preguntas que sobrevuelan nuestro contexto ¿Qué impacto tendrán estos nuevos materiales dinámicos en las disciplinas creativas como el arte o la arquitectura?¿Cuáles son las perspectivas para el diseño de robótica? ¿Encontraremos algún día drones como átomos radicales aerotransportándose? ¿Qué pasa cuando nuevos materiales son amalgamados con ADN humano? Y ¿cómo los usuarios seremos capaces de encontrar nuestro camino en la dinámica del tecno-mundo de mañana?
Como era de esperar, todas estas preguntas continúan abiertas tras el panel. Pero a pesar de comprender que en el contexto en el que se están desarrollando estos proyectos probablemente sea más interesante formular las preguntas de modo pertinente que no buscar respuestas precipitadas, continua sorprendiendo que se sigan utilizando términos como disciplinas, nuevo o mundo sin ahondar en una crítica rigurosa de los términos y lo que comporta su uso en los discursos que acompañan a eventos culturales contemporáneos.
Symposium II: The Alchemists of the Future. De los cuatro panels, este simposium fue el top of the pops de las conferencias durante el Festival. Conformado por Joe Davis, considerado uno de los padres del Bioarte, juntamente con Siegfried Zielinski o Verena Kuni, entre otros, para discutir desde diferentes perspectivas la re-formulación de la alquimia en el contexto de las prácticas contemporáneas. Joe Davis aprovechó la ocasión para presentar su proyectoAstrobiological Horticulture, dónde explora las posibilidades para la creación de organismos que puedan sobrevivir en los depósitos de frío por debajo de la superficie de Marte. Proyecto tan interesante como polémico, y que debido a su complejidad exige un artículo específico que desgrane las cuestiones fundamentales. Tanto Zielinski como Verena Kuni, no sólo ilustraron diferentes relaciones de la alquimia con las prácticas contemporáneas, sino que también hicieron referencia a la necesidad de pensar la alquimia de nuestro tiempo en términos éticos, políticos y ecológicos, teniendo presentes la multiplicidad de crisis que nos rodean, destacando que sin este compromiso los usos de las potencialidades tecnológicas pueden devenir, de nuevo, en meros instrumentos al servicio de, por ejemplo, las fluctuaciones del mercado.
Joe Davis trabajando en su proyecto durante el festival Credit: Ars Electronica
Symposium III: Art & Science at work. El último panel de este simposio, a modo de cierre de las reflexiones surgidas en los anteriores, presentó distintas posibilidades para asentar y evaluar las relaciones entre prácticas artísticas y científicas, o a modo grandilocuente y poco preciso, la relación entre Arte y Ciencia, ambas con mayúsculas. También se presentó European Digital Art and Science Network, una iniciativa europea para que artistas hagan residencias en diferentes centros de investigación, una de las más conocidas y reputadas es en el CERN.
Exposiciones: The Alchemists of our time
Una de las propuestas más interesantes de esta edición, como se ha mencionada anteriormente, ha sido el interés por poner el centro de atención en quienes están en esos lugares híbridos entre diferentes áreas de conocimiento, en quienes desarrollan aproximaciones heterogéneas y buscan, a través de la experimentación, otros modos de habitar las tecnologías.
The Alchemists of our time se presentó durante el festival a modo de cartografía (habría sido deseable poder decir crítica) de algunas prácticas contemporáneas que ejemplifican esas interacciones encarnadas entre bits y átomos, en el mejor de los casos, algunas de ellas planteando usos disruptivos. Cabe decir, que aunque la gran mayoría del tiempo se tenía la sensación de estar en una feria de tecnología, la estructura de la exposición fomentaba el diálogo, no sólo con lo proyectos sino también con los investigadores, ya que estaban allí para explicarlo. Dada la magnitud de la exposición, compuesta por 66 proyectos, a pesar de que uno de ellos no esté recogido en el catálogo, os presentamos otra brevísima y sesgada selección a modo de paseo visual por las diferentes propuestas. Prometemos análisis desarrollados de algunos de estos proyectos en los próximos días.
Aurelia 1+Hz/ Proto Viva Sonification. Sobre la comunicación inter-especies a través de la performance.
Credit: Ars Electronica
Špela Petrič .Miserable Machines : Soot-o-mat. Credits: Ars Electronica
Proyecto que explora el bio-diseño y que llama a la integración con sistemas vivos en términos tecnológicos, ecológicos y de imperativo moral.
Floris Kaayk. The Modular Body. Credits: Ars Electronica
Proyecto online-fiction que narra la creación de Oscar, un oranismo vivo construido a partir de células humanas, demostrando la posibilidad de crear vida modular.
Cabe destacar también la visita guiada a la que asistimos de la mano de Paula Pin, que estaba en el festival en representación de Pechblenda para presentar Gynepunk, un nodo de contrapoder que dicho muy rápidamente, trabaja en la generación de herramientas, técnicas y conocimientos, basados en el open-source, en el DIY y el DIT para configurar sistemas básicos de diagnosis y permitir así sacar el conocimiento ginecológico fuera del paternalismo de la industria-intitución bio-médica. Este proyecto, al haber sido incorporado en último momento a la programación del festival no sale en el catálogo, por lo que os animamos a que investiguéis aquí y aquí.
Paula Pin explicando el proyecto Gynepunk_Anarchagland Credits: Guillem Comas
Centrifugadora de fluídos, construída por Gynepunk con elementos reciclados y código abierto Credits: Guillem Comas
Performances y Conciertos
Como en el resto de áreas del festival, necesitaríamos un sinfín de artículos y desdoblamiento en multiplicidad deotredades para poder abarcar todos los eventos musicales y performativos realizados durante el festival. Aquí, a modo general recogemos dos, pero recuerden que en breve el registro del festival estará disponible en el archivo de Ars Electronica, y que el acceso es abierto.
Ei Wada. The Kankisenthizer Credits: Ars Electronica
Ei Wada comenzó un proyecto en 2015, Electro-Magnético-Fantásticos, reciclando electrodomésticos para convertirlos en instrumentos de música electrónica. Durante el festival realizó diversas performances donde a través de ondas electromagnéticas y diferentes intensidades de luz generaba escalas de frecuencia.
Modular Day. Conciertos de noche. Sesión de música con sintetizadores modulares Credits: Ars Electronica
El viernes 9 y el sábado 10 tuvo lugar el Modular Music Days en Ok centrum, actividad gratuita compuesta de exposición de sintetizadores modulares, charlas y conciertos. Además, podías partipicar con tu propio sinte modular previa inscripción.
Y hasta aquí llegamos con un resumen del Ars Electronica Festival, que como el mismo, está lleno de contrariedades y problemáticas que requieren ser abarcadas con extensión para no caer en el fetiche por las tecnologías, el buenismo de las corporaciones al invertir en investigación o la supuesta neutralidad política de las narrativas. Aún así, no quisiéramos despedirnos sin revelar que finalmente entendimos el porqué de la tríada disciplinas-nuevo-mundo. La verdad iluminó el cielo de Linz tras la performance con drones, seguida de miles de aplausos, con sus cabezas correspondientes mirando al cielo, maravilladas ante la potentia del ser humano en el desarrollo tecnológico. Una multiplicidad de aplausos normativos que recordaban a otros ecos pasados.
Por nuestra parte y para finalizar, solo nos queda esperar que la tendencia a la mímesis que demuestra año tras año Sónar con Ars Electronica no nos regale un cielo de Barcelona iluminado con centenares de drones recreando el logo de Movistar.
Registro en el Deep Sapce de uno de los múltiples momentos Illuminati perpetrados por Ars Electronica e Intel. Credits: Ars Electronica