Por su carácter colectivo, el canto coral es el vehículo ideal para la música con inclinación espiritual, como demostró el Cor de Cambra del Palau de la Música Catalana en el concierto titulado Espiritualidad coral en el siglo XX: De Mompou a Britten. La cuidada elección de las obras recorría diversas nociones de espiritualidad: en Mompou y Britten encontramos textos de origen religioso (aunque como veremos luego, se trata de una visión muy particular de la religión, por lo menos en el caso de BenjaminBritten), mientras que Ralph Vaughan Williams y Veljo Tormis dan voz a la espiritualidad secular del pueblo, con textos populares el primero y una selección de textos con gran carga simbólica de FernandoPessoa el segundo. La propuesta era original y arriesgada, y, precisamente por ello, junto con la excelente calidad de la interpretación, el breve concierto de domingo por la mañana en la sala pequeña del Palau se convirtió en una de las experiencias más estimulantes de toda la temporada. Es una lástima que la sala estuviera tan vacía y que (seguramente a consecuencia de ello) la respuesta del público fuera más bien tímida. Tanto la propuesta como el resultado merecían una sala llena y una recepción entusiasta. A continuación intentaremos explicar el porqué. (más…)
Junio se abría con una sesión de Sampler Sèries en la Fundación Miró, que acogía tres estrenos y la recuperación de una obra dedicada a los intérpretes de la noche, Crossing Lines. El concierto se abrió con Trio i Aurora del jovencísimo (lo enfatizo porque es de mi edad, ¡qué remedio!) Fabià Santcovsky. El peso de la obra recayó completamente sobre el clarinete, enmarcado por la percusión y el piano. En general, el trabajo melódico estaba basado en dos planos: por un lado, una construcción sinuosa y serpenteantetécnicamente marcada por unos exigentes multifónicos (es decir, hacer sonar dos notas simultáneamente) del clarinete bastante bien resueltos; y, por otro, en melodías tartamudas, como una suerte de balbuceos, que quedaban en manos del piano y la percusión. Eso generaba un punto de introversión en la melodía del clarinete, frente a la exterioridad del piano y la percusión. Esta tensión entre caracteres estuvo bien lograda en el primer movimiento (Aurora), fue más forzada en el segundo (Trio). La delicadeza inicial con la que se construyó los dos planos melódicos se desvaneció en el segundo movimiento, con planos excesivamente bruscos en el clarinete.
Fixacions II, de Carles de Castellarnau, fue una de las grandes sorpresas de la noche, aunque se trata de una obra compuesta para CrossingLines hace cinco años, cuando el ensemble comenzaba a despuntar. Es una pieza con un trabajo micrológico de la percusión, construida de forma fragmentaria. La fijación que da título a la pieza habla de un doble gesto de su concepción: por un lado, porque parece el material, al ser tan pequeño, estáfijo y, por otro, porque la precisión rítmica parece que hay un pulso permanente, que es fijo. Lo interesante y potente de la obra es que ambos gestos hacen que se cierre sobre sí misma, con un carácter irónico, como el que sabe que en realidad no hay nada fijo, y que todo lo que se presenta como tal o es una mentira o una burla. Fue especialmente brillante el papel de Feliu Ribera, en la percusión, que llevaba al mismo tiempo el peso de la pieza pero también su dirección.
Oliver Rappopport presentó su obra de estreno Blue II, una pieza que crecía poco a poco, cuyos elementos constructivos era, a là Kandinsky, el paso del punto a lo lineal y las vueltas esporádicas a lo puntillista. Había dos planos que a veces no llegaban a dialogar del todo, el del piano y la percusión, con un carácter violento, y el de los vientos, con un talante más delicado. También por bloques aparecía la forma de la pieza, que exigía la renuncia a lo orgánico. Para conseguir este efecto de contrastes, los miembros del ensemble demostraron su absoluta atención y sensibilidad por el trabajo del control de la tensión y del nervio interior de la obra.
El concierto finalizó con el estreno de una obra para no olvidar: Cells 2, de Hèctor Parra. La melodía del piano, magistralmente interpretada por Neus Estarellas, estaba siempre presente, como una suerte de fantasía, recordaba a un lenguaje pasado, pero al mismo tiempo reconvertido, pues nada puede volver como si no hubiera pasado nada desde su desaparición. El piano era portador de lo olvidado, como si viniera de muy lejos. Pensaba a menudo en aquello que Walter Benjamin (quizá la conexión entre Parra y Benjamin sea un terreno por explorar para valientes) nos contaba, que “las obras de arte pueden compartir con determinados hechos naturales [que] esta presencia, que sería lo cercano en ella, lo familiar, revela ser sólo la apariencia consoladora que ha adquirido lo lejano, lo extraordinario” . En contraste, la percusión tenía un carácter primitivo, muy corporal e irracional, como eso que intentó hacer incansablemente el primer Stravinsky pero sin la mística cultural. El resto del trabajo melódico se caracterizó por la radicalidad en las tesituras (algo especialmente brillante en la flauta, interpretada por Laia Bobi), que creaban un marco de tensión creciente con esa lejanía cercana del piano, es decir, entre lo salvaje y lo intimista (quizá como se ha tenido que volver el ser humano desde que el siglo XX le contara que el progreso prometido no iba a llegar nunca).
El domingo 4 de mayo se escenificó la obra Miguel de Molina en el Real Coliseo de Carlos III en San Lorenzo de El Escorial (Madrid). Además, la compañía encargada de dicha representación está de enhorabuena porque su actor, Ángel Ruiz, ha ganado el Premio Max al mejor actor protagonista. La obra trata sobre este artista innovador que mezcló la exaltación del arte nacionalista con la vanguardia, colaborando con grandes figuras de aquella época como Manuel de Falla, con quien estrenó El amor brujo.
Miguel Frías de Molina (1908-1993), más conocido como Miguel deMolina, fue uno de los cantantes españoles más importantes y reconocidos de la primera mitad del siglo XX y uno de los máximos representantes del folclore español. Su repertorio abarcó principalmente la copla, que por aquel entonces era patrimonio casi exclusivo de las mujeres -de hecho, una de sus rivales profesionales fue Concha Piquer-, por lo que fue uno de los pioneros en este estilo. En sus espectáculos mezclaba el arte, el carisma y una gran presencia escénica. Llegó a ser el artista mejor pagado de la Segunda República y llenaba los teatros.
Escenificar la vida, la personalidad y la obra de Miguel de Molina es muy complicado por todo el contexto político, sociocultural y personal. No obstante, el domingo con la fabulosa actuación de Ángel Ruiz, el pianista César Belda, un baúl y un inteligente juego de luces, se representó una gran obra. Nos presentaron a un personaje extraordinario con una enorme vitalidad y ansias de libertad cuya necesidad era trabajar como artista. Hubo críticas a los gobiernos, a la sociedad tan cruel e intolerante en determinadas épocas y facetas, al desinterés por el arte y la cultura.
En las letras de estas canciones era típico incluir guiños a determinadas realidades que no se podían decir abiertamente en público y se contaban con humor en ellas, como en Compuesto y sin novia. Además, dada su homosexualidad se le ha relacionado a nivel personal con Federico García Lorca. Pero una de sus canciones más conocidas no se la debe a él, sino al poeta Rafael de León: Ojos verdes.
Sin embargo, su vida profesional se vio truncada con el inicio de la Guerra Civil, ya que a partir de entonces el panorama artístico cambió y él fue reclutado por el bando republicano para animar a las tropas por buena parte del país. Allí vio los estragos que la guerra causó en la población, sobre todo en los jóvenes. España resultó ser una cara mujer, como La bien pagá.
Una vez que se impuso la dictadura de Francisco Franco, se le permitió seguir actuando pero fue doblemente discriminado por su condición política y sexual, por lo que le insultaban en las representaciones. Y una noche en su camerino se lo llevaron y en una carretera de Madrid vivió la humillación y la tortura. Al parecer era culpable de un doble delito: ser republicano y gay. Se ensañaron con él y le vejaron como se solía hacer para alcanzar la máxima denigración: le obligaron a beber aceite de ricino y le raparon el pelo, una práctica habitual con las mujeres republicanas, como conté en El grito silenciado de las mujeres en la posguerra. Después, le encarcelaron durante más de un año. Al final se exilió en Argentina pero hasta en América la censura española le hizo la vida muy complicada porque le echaron de ese país y lo mismo le volvió a suceder en México.
Estuvo casi toda su vida partiendo de cero y reinventándose para sobrevivir. Hasta que Eva Perón, la esposa del presidente argentino Juan Domingo Perón, le ayudó para poder vivir legalmente en ese país y desarrollar una fructífera carrera. Por esto también fue muy criticado porque parecía haberse cambiado de bando político.
Abarcar casi toda la vida de una personaje tan interesante con una vida tan rocambolesca, con tantos giros vitales inesperados y con una música tan significativa durante varias décadas, podría resultar una ardua tarea. En cambio, nos narraron en clave de humor su vida, como si Miguel de Molina estuviera en una rueda de prensa y le contestara a esos –en ocasiones- impertinentes periodistas contando su verdad. Ángel Ruiz nos llevó desde la carcajada hasta la emoción de las lágrimas por el más profundo dolor del artista y del hombre. Fueron especialmente emocionantes las escenas en las que narró con desgarro la paliza sufrida y la muerte de un joven soldado republicano y la simbología con la luz que se acaba apagándose fue preciosa.
He de admitir que estuve la hora y media que duró –sin descanso- absolutamente inmersa en el espectáculo. Un enorme esfuerzo interpretativo que me llevó a recorrer canciones que escuché desde mi infancia y que me hizo abrazar un gran abanico de emociones. Fue un sentir unánime porque el público les rindió una ovación en pie. Sin duda, es uno de los mejores espectáculos que he visto. Si tienen oportunidad, no se lo pierdan.
Gustav Mahler es uno de los compositores más interpretados en los cierres de temporada de la OBC, y aunque quizás el austríaco tiene otras sinfonías más imponentes para este menester, Kazushi Ono escogió la que seguramente sea la más popular para el programa número 24 de la orquesta. La «modesta» duración de la Titán ha motivado de nuevo un programa sin coherencia aparente, siguiendo el típico esquema de obra de calentamiento y/o compromiso (Cuadro de presencia, de Fabià Santcovsky), obra con solista (concierto para piano nº20 de Mozart) y para acabar obra de lucimiento para la orquesta (Primera sinfonía de Mahler). (más…)
En siete semanas, más de 21.000 personas tendrán la ocasión de asistir a la octava edición del festival Cruïlla, que se celebrará los días 7, 8 y 9 de julio.
Como en las ediciones anteriores, el festival se caracteriza por la variedad musical y multicultural, con propuestas que llegan de los continentes europeo, americano y africano, y con una numerosa presencia de música del territorio español. La apuesta por cabezas de cartel como Jamiroquai, Los Fabulosos Cadillacs, The Prodigy o Pet Shop Boys es una buena noticia para todos los nacidos en los ochenta que pasaron parte de sus adolescencias escuchándolos.
Es también una buena noticia para aquellos que quedaron fascinados por la puesta en escena en 2016 de los carismáticos Seeed, contar este año con Dellé, su vocalista, que actuará en solitario.
La prolífica feminista Ani DiFranco, la barcelonesa Luthea Salom y la multicultural Jain son las únicas representantes de género femenino solistas. Del continente africano, actuará el emblemático senegalés Youssou Ndour, los surafricanos Die Antwoord, y desde Mali, Toumani Diabaté, Sidiki Diabaté i Fatoumata Diawara acompañando al francés –M-.
Se verán también los directos de Enric Montefusco, Carlos Sadness, Neuman, Ryan Adams, o el esperado Benjamin Clementine, entre otros varios artistas.
Repiten Residente, Toundra con el niño de Elche con su propuesta Exquirla, y Txarango.
La novedad de este año: las ediciones de los Cruïlla Primavera y Otoño. Propuestas que dan continuidad, tras ocho años, a una de las citas más esperadas del verano barcelonés.
Empecemos, como no, por el principio: ¿Que es un supergrupo? Es un término utilizado para describir a grupos de música formados por artistas que habían tenido fama respecto a grupos anteriores o a nivel individual. Lo habremos escuchado en radio o leído en prensa especializada muchas veces utilizado de forma errónea en referencia a grupos que han vendido mucho o que son cabezas de cartel de algún festival. Tampoco engloba a aquellas bandas cuyos miembros consiguen fama individualmente después de formar el grupo (Yes o Genesis) ni se utiliza el término para designar a las bandas que, manteniendo su nombre original, ha reclutado a uno o varios músicos famosos (Van Halen o The Eagles).
El término se acuña en los años 60 siendo Cream (1966) la primera banda con éxito denominada supergrupo. Formada por Eric Clapton, Jack Bruce y Ginger Baker es considerada una de las mejores bandas de la historia a pesar de su corto recorrido. Entre otras cosas, popularizaron el pedal de sonido wah-wah.
Vamos a hablar de algunas bandas más modernas o «no tan conocidas» con un orden que se podría definir como: según me van viniendo a la mente.
THE GOOD, THE BAD AND THE QUEEN
Empecemos hablando de Damon Albarn. Londinense que forjó su fama al formar la banda Blur en 1989, banda de enorme éxito que impulsaría el britpop en los 90 compitiendo de tu a tu con grupos como Oasis. Ya en Blur demostraría su versatilidad que le llevaría a coquetear con el lo-fi, rock, punk, soul, reggae, el góspel y la psicodelia. ¿Acaso existe alguien en el planeta que no conozca el tema Song 2?
Más tarde crearía junto a Jamie Hewlett el proyecto de grupo de animación Gorillaz el cual se convertiría en el grupo virtual más exitoso de la historia. Han colaborado infinidad de artistas por lo que su sonido es bastante heterogeneo. Irrumpió con su primer disco (Demon Days) en 2001 y, acaba de sacar su último disco hasta la fecha «HUMANZ«. Gorillaz es por tanto otro supergrupo pero no quiero ahondar en él por ser muy conocido.
El grupo en cuestion, The Good, The Bad and the Queen, el cual está formado por Albarn, el ex bajista de The Clash, Paul Simonon, el ex guitarrista de The Verve, Simon Tong (quien también tocó la guitarra para Blur durante la gira Think Tank, tras la salida de Graham Coxon y para Gorillaz en su álbum Demon Days), y el pionero del afrobeat y baterista de África 70, Tony Allen sacó su primer y último disco en enero de 2007. Se trata de un disco conceptual en el sentido en que todas sus canciones hablan sobre la vida moderna en Londres. Sin duda alguna se trata de un disco gourmet de una increíble factura y, en mi opinión, el mejor disco firmado por Albarn después de Blur.
Rocket juice and The Moon
Sin salirnos del bueno de Albarn encontramos este grupo que, junto a él, forman Flea (bajista de los Red Hot Chilli Peppers) y Tony Allen repitiendo después de The Good, The bad and the Queen. Su único disco hasta la fecha salió en el 2012 con el mismo nombre del grupo: Rocket juice and The Moon, en el que predomina el afrobeat y el jazz. No se puede decir que sea un mal trabajo pero no acaba de tener una coherencia en conjunto y los temas acaban pareciendo una sucesión de jams de cada uno de los artistas.
The Racounteurs
En este caso tenemos que hablar de una de las grandes figuras del rock de los últimos tiempos, el polifacético Jack White. Conocido por ser el guitarrista de White Stripes, nuevamente, ¿Acaso existe alguien en el planeta que no conozca el tema Seven Nation Army? El considerado uno de los mejores guitarristas de la historia se juntaría con su amigo Brendan Benson en 2005 (aún con el proyecto de White stripes en marcha) para dar forma al single «Steady, As She Goes«. Más tarde se unirían Patrick Keeler y Jack Lawrence, miembros del grupo The Greenhornes para sacar el primer LP «Broken Boy Soldier» en 2006 y un segundo trabajo «Consoler of the lonely» en 2008. Dos grandes trabajos de rock con influencias powerpop y blues rock.
The Dead Weather
Repite Jack white (esta vez a la batería aunque también toca la guitarra y canta en algún tema) junto a la vocalista Alison Mosshart (The Kills), el guitarrista Dean Fertita (Queens of the Stone Age), el bajista Jack Lawrence (The Raconteurs y The Greenhornes). El supergrupo debutó en 2009 con el disco titulado «Horehound» al que siguieron otros dos. Grupo que se mueve por los caminos del rock, blues, garage y la psicodelia.
Last shadow puppets
No podía faltar en esta primera recopilación el dúo musical inglés de indie rock formado por Alex Turner (vocalista de Arctic Monkeys) y Miles Kane (ex vocalista de The Rascals). Presentaron su primer disco en 2008 titulado «The Age of the Understatement» y un segundo firmado en 2016 «Everything You’ve Come to Expect«.